Tumbada en la hamaca, escribo en una de mis últimas noches en Nicaragua. Miro la Catedral de Granada desde el patio, de la que, durante un breve pero intenso periodo de tiempo, ha sido mi casa. Miro los murales de sus paredes, creados por manos ilusionadas y generosas y miro también las estrellas de un cielo que me ha regalado los mejores atardeceres del mundo.
Poco a poco, me voy despidiendo de todo lo que me ha ido dando este país. Se que mañana me espera lo peor, decirle adiós a Masaya, ese chucho que ayer tenía la patita rota, pero que hoy la tiene escayolada. Estara bien, le encontramos una clínica donde cuidan a perros abandonados y le buscan hogar.
Me despediré de Uri, Rafa y Diego, esperando encontrarles cualquier día en cualquier esquina de cualquier calle de cualquier mundo.
Me despediré del ruido de sus calles, de sus taxis colectivos, de sus autobuseros que gritan el destino de esa tartana a la que llaman bus…pero no sé como voy a despedirme de la risa de Cristofer, ni de los pelos rizados de Abril, ni de la voz rasgada de Gerar sin que se me parta el alma a pedazos.
A ellos no los voy a encontrar en ninguna esquina de ninguna calle de ningún mundo que no sea éste: El tercero. Ese mismo mundo que no les va a permitir otra cosa que no sea pedir dos pesos a una turista en la calzada por hacerle una flor con una hoja de palmera.
Me voy con el gusto de la desesperanza en la garganta porque para mi la miseria tiene hoy muchos nombres y apellidos, entre ellos Cristofer Joan Cequeira Sandino…de diez años.
Pasado mañana me espera Guatemala y nuevas experiencias y nuevas risas y nuevos atardeceres, pero espero que lo escrito, no se borre en mi memoria y tenga siempre presente que ellos siguen estando ahí.
Que la vida les traiga suerte a aquellos que me dieron tanto teniendo tampoco.
Poco a poco, me voy despidiendo de todo lo que me ha ido dando este país. Se que mañana me espera lo peor, decirle adiós a Masaya, ese chucho que ayer tenía la patita rota, pero que hoy la tiene escayolada. Estara bien, le encontramos una clínica donde cuidan a perros abandonados y le buscan hogar.
Me despediré de Uri, Rafa y Diego, esperando encontrarles cualquier día en cualquier esquina de cualquier calle de cualquier mundo.
Me despediré del ruido de sus calles, de sus taxis colectivos, de sus autobuseros que gritan el destino de esa tartana a la que llaman bus…pero no sé como voy a despedirme de la risa de Cristofer, ni de los pelos rizados de Abril, ni de la voz rasgada de Gerar sin que se me parta el alma a pedazos.
A ellos no los voy a encontrar en ninguna esquina de ninguna calle de ningún mundo que no sea éste: El tercero. Ese mismo mundo que no les va a permitir otra cosa que no sea pedir dos pesos a una turista en la calzada por hacerle una flor con una hoja de palmera.
Me voy con el gusto de la desesperanza en la garganta porque para mi la miseria tiene hoy muchos nombres y apellidos, entre ellos Cristofer Joan Cequeira Sandino…de diez años.
Pasado mañana me espera Guatemala y nuevas experiencias y nuevas risas y nuevos atardeceres, pero espero que lo escrito, no se borre en mi memoria y tenga siempre presente que ellos siguen estando ahí.
Que la vida les traiga suerte a aquellos que me dieron tanto teniendo tampoco.

