Se supone que nos vamos a León, pero no podemos hacerlo hasta que una parte de los residuos de mi cuerpo se digne a abandonarme. Le digo a los chicos que por favor se vayan, que no es plan de estar los tres sentados en el sofá esperando a que la cosa salga, pero solidarios en mi desventura, se quedan. (Esto no se paga con dinero).
jueves, 20 de octubre de 2011
Un inquilino especial
El día se presenta un poco surrealista porque no tengo nada que hacer excepto esperar. ¿Y que espero? ¿Una noticia? ¿Un amigo? ¿Un e-mail? Pues no. Algo mucho más escatológico. Espero el momento de poder plantar un pino para que lo puedan analizar.
Se supone que nos vamos a León, pero no podemos hacerlo hasta que una parte de los residuos de mi cuerpo se digne a abandonarme. Le digo a los chicos que por favor se vayan, que no es plan de estar los tres sentados en el sofá esperando a que la cosa salga, pero solidarios en mi desventura, se quedan. (Esto no se paga con dinero).
Al final, no nos podemos ir, manda narices que los planes de tres personas se vean frustrados por un zurullo, así que salimos un rato por la noche a echar unas toñas (Yo un zumo de sandía que el médico me ha prohibido el alcohol). Es en ese instante cuando nos volvemos a encontrar a Masaya. Entonces no sabíamos que se llamaría así, y sólo era el perro con la patita rota. Con los ojitos asustados y el rabo entre las piernas, se acerca timidamente a nosotros sin saber si va a recibir caricias o una patada. Le compramos un hot dog en los puestos del parque, pero mientras se lo estoy dando, se acerca un chiquillo para que se lo de a él. La viva imagen de la miseria, un niño y un perro pidiéndote un mendrugo de pan. El pan se lo doy al chiquillo y el perro me lo llevo a casa. No fue tarea fácil y en el último tramo del trayecto, Uri lo tiene que coger en brazos para entrarlo en casa. Le damos algo de comer, pero se quiere marchar. Está asustado y desconfía…y no es extraño. Me pregunto si quizás no es mejor dejarlo salir, por dos motivos: El primero porque nos van a echar a nosotros si se enteran que hay un perro en la casa (y se van a enterar porque Pauline viene todos los días) y el segundo es sencillamente porque le vamos a dar de comer, le vamos a acariciar, lo vamos a cuidar y cuando más a gusto se encuentre lo vamos a volver a abandonar porque no se puede quedar en La Libertad. Sin embargo, al final decidimos que Masaya se queda hasta que lo vea el veterinario. El lunes, ya hablaremos.
Se supone que nos vamos a León, pero no podemos hacerlo hasta que una parte de los residuos de mi cuerpo se digne a abandonarme. Le digo a los chicos que por favor se vayan, que no es plan de estar los tres sentados en el sofá esperando a que la cosa salga, pero solidarios en mi desventura, se quedan. (Esto no se paga con dinero).
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