domingo, 16 de octubre de 2011

Una muestra de horror

Es domingo y me voy a ver Coyotepe. ¿Es un nuevo volcán? ¿Un lago de aguas cristalinas? ¿Una playa paradisíaca?...Frío, frío. Es una prisión cerrada oficialmente a finales de los 80.
La utilizaba Somoza y los de “La Contra”, para encerrar, torturar y asesinar a los guerrilleros. Después, la utilizaron los guerrilleros para encerrar, torturar y asesinar a los de “La Contra”, es decir, la misma basura en distintos patios.
Nos la enseña un chico que pese a su edad, es todo un escéptico de la raza humana…Supongo que por mostrar tantas veces semejante horror. Dividida en dos niveles, en el primero de ellos, se encontraban los presos menos importantes y los recientemente detenidos. Sin agua, sin retrete y con apenas luz, se apilaban entre 15 o 20 personas en una celda del tamaño de la habitación del bebé de mi hermana. En el segundo nivel, se practicaban las torturas. Aquí el apenas luz, se convierte en sin luz a secas, y aunque la celda, en algunos casos era individual, sus habitantes tenía “El privilegio” de ser visitados por sus carceleros, los cuales, amablemente, solicitaban algún tipo de información.
Los familiares de los presos, tampoco podían hacer nada, ya que pocos se enteraban de que su hijo, su marido, su padre, su hermano, estaba allí.
Me invade el horror como una sensación física, pero no por pensar en lo que pudo haber sido, sino por saber, que en este mismo momento, en este mismo presente, hay otra celda, con otros presos, con otros carceleros, pero haciendo las mismas cosas y provocando el mismo dolor y el mismo miedo.
No creo en Dios, y cada vez menos, en el hombre.
Necesito salir. Me voy del recinto lo antes que puedo, pero cuando estoy en la puerta, el vigilante me llama y me pregunta si tenemos taxi. “No, es sólo un kilómetro de bajada”, le respondo. “Sí, pero no lo digo por la distancia, sino por el peligro”, me dice. “Pero que peligro…” le vuelvo a decir. “Los muchachos se esconden entre la maleza y asaltan al que sube”, me vuelve a responder.
“Joder, lo que faltaba”. Al final nos acompaña el mismo chico que nos enseñó la cárcel. Esta vez, además de venir con su escepticismo, viene con un machete. Espero que no lo tenga que usar más que para partir cocos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario