sábado, 18 de febrero de 2012

Montate en triciclo

Tras un día de playa, y achicharrada como un guiri de la Costa del Sol, decido que es hora de volver a Guatemala por dos motivos:
a) Porque he pasado una noche infernal en una guerra contra los chinches, en la que he perdido yo, y no tengo dinero para pagar algo mejor en México.
b) Porque no quiero irme para Nicaragua sin ver las ruinas mayas de Huehuetenango.
Así que me armo de paciencia para comenzar otra jornada de autobuses: Bus hasta la frontera de Ciudad Hidalgo, Bus hasta Rueltetenango, Bus hasta Quetzaltenango, Bus a Huehuetenango. (Hay uno casi directo, pero tendría que dejar el hígado empeñado en el mostrador de la terminal).
En principio, todo va bien, pero pasar la frontera se convierte en una película surrealista cuyo título es "Montate en triciclo", y es que una vez que llego a Ciudad Hidalgo, no me entero de nada.
Se que tengo que sellar el pasaporte en la caseta de inmigración mexicana, y después en la caseta de inmigración guatemalteca, para después coger el bus. Pero ¿cómo llego a las casetas?. "Mami, tiene que subir en el triciclo para que la acerquen, pero que no le cobren más de 10 pesos".
Pregunto al del triciclo: 150 pesos. Me empiezo a descojonar en su cara. "¿pero tú de que vas?, si eso es casi lo que me cobran para llegar a Guatemala City." "Es que para llegar a la terminal, en el lado de guatemala, yo también tengo que pagar la frontera", me responde. "¿Y cuánto cuesta pasar la frontera?" "50 pesos", me dice. Se que me miente como un bellaco, y le digo que ni en broma.
"Bueno mami, cincuenta por todo" "¿Pero que es todo?", le pregunto. "Pasar la caseta mexicana, luego la de Guatemala y después llevarte a la terminal". Sopeso la situación y al cambio son 4 euros, así que le digo que sí. Me monto en el triciclo y me dice "pero si le preguntan, es que vienes a visitarme a mi casa y te voy a acompañar" "¿Cómo? Pero si no sé ni como te llamas. Anda dale y a ver que pasa con esto".
Sin embargo, al torcer la calle, o sea, a cinco metros desde dónde me subí, nos para una pandilla de tricicleros diciendo que está prohibido el paso para ese triciclo y que a partir de allí, manejan ellos. "¿Pero esto que es?". Como no le había pagado al primero, me bajo y le digo que se vaya, que ya me apaño yo con los otros. Pues bien, misma operación de regateo y otros que me quieren cobrar cien pesos por todo. Que si tienen que pagar en la frontera, que si patatín que si patatán. Mojones calientes. A mí me dejas en la caseta mexicana y una vez en la frontera ya me busco yo la vida para llegar a la estación de autobuses. No sé si está lejos o cerca, de si es seguro o no, pero no me sale del ciruelo que me roben de forma tan descarada sólo por ser extranjera.
Después de sellar en México, me llevan a sellar en Guatemala (dos metros separan una caseta de otra. Aquí el ejemplo rotundo del absurdo de las fronteras.) Desde este punto, otros tricicleros son los que te tienen que llevar a la estación. Como estos si son de Guatemala, no tienen que pagar en la frontera, y el trayecto me lo cobran a un precio relativamente normal.
En mi afán de reivindicación, me voy quejando al conductor del triciclo de que todos me quieren robar, hasta que éste, cansado de mi retahíla, me dice "Así es la vida. Unas veces se gana y otras se pierde". Ante semejante afirmación, me callo la boca.

Una amante pederasta

Después de dormir seis horas del tirón, haberme duchado con agua semi-caliente, y haberme bebido un café, la vida se ve de otro color y es rosa. Ya no me preocupa mi confusión con los pueblos maya, ni los autobuses, ni las maras, ni a dónde voy a poner el huevo mañana...Solo me tumbo en una playa inmensa para mí sola. Otra vez cara a cara con el "Pacífico", que ahora sé que fue Magallanes el que se lució con el nombre. (Digo cara a cara, porque hay que tenerlos muy bien puestos para meterse aquí.)
Después de que me revuelque un par de veces, me pongo a leer, y a escribir y a pensar en la vida en general y la mía en particular. Me siento bien en mis treinta y cinco años. A lo largo de la vida, he hecho cosas buenas y malas, a veces queriendo y otras sin querer, pero en definitiva, volvería a vivir así. En estas reflexiones tan profundas estoy, cuando por suerte, me saca de ellas un chavalín de trece años. Lo conozco. Es el hijo del dueño del bar donde he comido, y al que le he pedido, hace quince minutos, que me sacara de nuevo la maleta porque me había dejado la parte de arriba del bikini. (En que momento).
"¿Que escribes?", me pregunta. "Lo que veo. De Nicaragua, de Guatemala, de tu país..." le respondo. "¿de mi país?", me dice. "Sí. Tú eres mexicano, ¿no?." "Pues no. Soy hondureño". (Ahí va, la primera en la frente, por profunda).
Después me pregunta lo que realmente le interesa. "¿Te ha costado mucho ponerte la brega?" "¿La qué?" Me imagino que se refiere a la parte de arriba del bikini y me empiezo a descojonar. "Pues no. Tengo experiencia en vestirme con ropa puesta, y además aquí no hay casi nadie."
"En esta playa, te la puedes quitar también", me dice. "No me engañes, si aquí se bañan con la camiseta puesta". "Sí, pero sólo las de aquí, las extranjeras no. Además yo estoy acostumbrado, a mí como si nada" (me empieza a recordar a mi sobrino y a su obsesión con las tetas, y me sigo descojonando).
... Al final, acabamos hablando de mil cosas, pero no deja de observarme. Me pregunta por cicatrices que ni yo sabía que tenía. Medio mosqueada, medio descojonada, le regaño. "Es que quiero ser médico" . Madre de Dios, tiene salida para todo.
Es entonces cuando me vuelve a preguntar "¿No has pensado en perder peso?". Será posible con el hijo puta este..."No Kevin, no lo he pensado". (Mentira, lo he pensado 1000 veces). "Bueno, a mí me gustan así". Me vuelvo a reir.
Seguimos hablando de su hermano (muerto en un atropello), de su madre, de la escuela, hasta que se hace tarde y le digo que tengo que volver a su bar a recoger la maleta y pillar un taxi o algo que me lleve al puerto. "Al final no se va a hacer realidad mi sueño" "¿Qué sueño?" , le pregunto. "No te lo digo que te vas a enojar". No me lo puedo creer. Me está tirando los tejos en toda regla un niño de trece años.
Me despido con un beso, pero antes de marcharse me dice "yo subo primero que si no mi padre me regaña". "Vale Kevin, yo subo después y hago como que no te conozco de nada." (Me siento como una amante pederasta, y me empiezo a partir el culo.
"Kevin", lo llamo antes de marcharse, "¿Qué?", me responde. "No te preocupes por lo del sueño. Estoy segura que en la vida siempre vas a conseguir lo que quieras". Y eso se lo digo cien por cien convencida.

Bendiciendo botellas de cocacola

Estoy en San Juan Chamula, ciudad vendida como un poblado maya, pero si tengo que ser sincera, no me ha gustado mucho. Ahora bien ¿Ha merecido la pena? Pues sí, porque por fin descubro que es lo que hacían esos dos bendiciendo la botella de cocacola.
Lo único interesante en San Juan, es su iglesia. Parece la habitación de un rancho mexicano pero llena de figuritas de madera y velas por el suelo. En ella no hay bancos ni altares, pero si vas a encontrar gallinas, huevos, aguardiente y distintos tipos de refrescos (cocacola, sprite, fanta de naranja...) y todo tiene una explicación. Relativa, pero ellos están convencidos y no voy a ser yo quien lo discuta. empezaré por el principio:

¿Por que hay gallinas?: Pues bien, la sacrifican en la iglesia para pedir por la curación de un enfermo grave.
¿Por que hay huevos?: Pues por la misma razón que la gallina, pero para enfermos leves. Ponen seis delante del Santo de su devoción.
¿Por que hay refrescos y aguardiente?: Son parte del ritual para pedir por la salud.
Es en este instante cuando ya no puedo más y pregunto ¿Pero como va a ser lo de los refrescos si antiguamente no había cocacola?. La respuesta me deja de piedra "Es que los tiempos evolucionan. Antes sólo se venía con aguardiente". Manda cojones. Y tendrá valor de decirme eso.
Creo que para entender todo esto, necesitaría pasar aquí años, y yo solo puedo quedarme horas, así que me voy con mi confusión y con mi mochila en busca de las playas del sur de Chiapas

Un piano y la casa del jaguar

Las suelas, cada dia mas rotas de mis falsas converse, me aproximan a Na-baloon (casa del jaguar). Na-baloon, es una asociación cultural para la conservación de los indígenas de la Sierra de Ladandon. Probablemente, sería el último lugar al que iría si estuviera acompañada, para que mentir, pero me aburro un poco y me decido.
La asociación es una casa colonial donde hay de todo: museo, biblioteca, comedor, habitaciones para quedarse a dormir (si tienes mucha pasta, por supuesto), y me voy paseando ensimismada hasta que de pronto, escucho un piano. Me aproximo a la habitación de dónde sale la música, y me encuentro tocando a un tío con gorra y chaleco. La verdad, es que no pega mucho ni con el entorno ni con la melodía que sale de sus manos, pero haberme encontrado a Bethoven, iba a haber sido algo complicado. Me siento en la única silla que hay en la habitación (aparte de la banqueta del músico) y me quedo escuchando hasta que de pronto, para de tocar y me habla. No me pregunta sobre nada pero me dice que está comido de picaduras de pulga. Tampoco le respondo nada, pero saco de mi bolso la crema que compré contra las picaduras de insectos. "Es un regalo", le digo. Salgo de la habitación y sigo paseando por el museo, hasta que sin poderlo remediar, me siento en la única esquina del patio a la que llegan los rayos del sol. Es entonces cuando lo veo aparecer otra vez y se sienta a mi lado. Se llama Richard, es de alburquerque y es compositor. El miércoles dará un concierto en esa misma casa en la que estoy yo ahora.
Tendrá unos cincuenta años y fisicamente, es puro yanki, sin embargo, lleva años viviendo en Chiapas y a pesar de sus problemas con las pulgas, no parece que vaya a moverse de alli.
Después de un rato, nos despedimos y como no voy a poder ir a su concierto, me regala el CD. "Es a cambio de tu crema", me dice. Sin embargo, también me devuelve la crema, por si acaso ahora, me atacan a mi.

Bienvenido a Chiapas

Me esperan diez horas de autobus hasta llegar a Chiapas, concretamente a San Cristobal de las Casas. Pasamos " la Mesilla", ya en la frontera, y no llevamos ni quince minutos de trayecto dentro del territorio mexicano cuando nos para un control militar. Supongo que buscan droga, porque meten un pastor aleman precioso dentro de la furgoneta. Le veo olisquear en mi bolso, y por una vez, agradezco no tener ni un mal porro. Tres israelitas, dos finlandeses, dos suizas, dos japonesas, dos guatemaltecos, un mexicano y yo, miramos desde la cuneta la labor militar. al parecer, nadie lleva nada y seguimos adelante. Despues de tres horas sin contratiempos, a excepcion de dos controles mas, llegamos a San Cristobal, ciudad Chiapa por excelencia.
Podrias imaginar un pueblo desertico en una llanura, pero nada mas lejos de la realidad. Es una ciudad, (un poco sui generis, eso si), de luz y color dentro de un bosque montañoso. El paisaje, podria recordar a la Sierra de Cazorla si no fuera porque sus hostales, sus bares, sus calles y sus casas son puro Mexico.

Al dia siguiente de mi llegada, me paseo con camara en mano visitando como buena turista, los puntos marcados en mi mapa. Entro a iglesias y catedrales y cuando empiezo a aburrirme, veo a dos indigenas junto al cuerpo arrodillado de un Cristo, bendiciendo una botella de cocacola de dos litros y otros enseres parecidos. Es entonces cuando decido quedarme otro rato mas a ver que hacen. De lo que le dicen al Cristo, no tengo ni idea, pero imagina a tu abuela rezando el rosario a toda pastilla poseida por el espiritu de un guerrero maya. Pues algo asi. Despues, cambian de figura y se van a ponerle velas a otro Santo. Creo que en mi vida he sentido tanta curiosidad por algo, pero me parece irrespetuoso ir a preguntarles.
Vuelvo a salir a la calle, segura de que esta noche no voy a poder dormir pensando en que cono estaban haciendo, y me encuentro con una celebracion militar. Esto cada vez me resulta menos extraño. En Centroamerica conmemoran hasta el dia de la piedra. Lo que si es cierto que no deja de chocarme, es ver a tanto militar, policia y guardia de seguridad armado hasta los dientes a cada paso que das.
En mi visita por las calles, encuentro a Pablo (otro Pablo, pues si). Pablo es un librero ambulante que escribe cuentos sobre jirafas. Me gusta hablar con el y quiere invitarme a tomar un cafe, pero no quiero mas compromiso que el de una charla en la calle y rechazo su ofrecimiento. Tampoco le compro un libro que me gustaba. Costaba diez euros y estoy rozando la miseria. Y hablando de miseria...Mexico es caro. Como mi economia no da para mas, almuerzo en una especie de cochera con cinco mesas y manteles de hule, un menu que me sabe a gloria: lentejas, albondigas en chile chipotle (que pican como sus muertos) y arroz.
Despues vuelvo al albergue y descanso un rato hasta que deje de llover, y efectivamente, lo hace. En esta tierra imprevisible, curiosamente, la lluvia es lo unico que esta programado.

Esncia de Guatemala/versus ET

La esencia de Guatemala la encuentras a las siete de la mañana caminando por sus calles vacias de turistas pero no de nativos, en sus mercados repletos de vegetales que no has visto en tu vida, en su cementerio medio indigena- medio cristiano y en sus mujeres lavando en el Lago. Por fin descubro que lo que hablan es Tjutzali, pero las palabras grupo, turista, años...las dicen en castellano, demasiado nuevas para su lengua milenaria.
Como no tengo mucho que hacer, me dirijo hacia el lago azul, cristalino y profundo que da vida a los pueblos mayas del Atitlan. Las mujeres se zambullen en sus aguas para lavar la ropa y despues su cuerpo. Y yo, sentada en una piedra con mi bikini blanco tengo la sensacion de ser ET.
Se que ellos estan acostumbrados a los turistas y ni siquiera se fijan en mi, pero yo no puedo dejar de mirar su tierra, su agua, sus nubes y a ellos, en esa mezcla de tradicion y globalizacion que acabara arrasandolos como la lava de sus volcanes.
El dia se acaba sin hacer nada, quizas sea mejor asi.

Prohibido vender alcohol

Como todos me acojonan con el tema de los autobuses, ayer contrate una turoperadora para mi viaje a Panajachel (en el lago Atitlan), asi que hoy, a las nueve de la mañana me ha recogido una furgoneta blanca para llevarme a San Pedro de la Laguna y desde alli coger un barco para mi proximo destino. Sin embargo, una ven en San Pedro, decido quedarme.
San Pedro es uno de los quince pueblos que rodean el Lago Atitlan y es una pasada: Pequeñito, con calles adoquinadas y con una vista a la Laguna y a tres volvcanes que te hiela la respiracion. Sin embargo, despues de flipar durante varios minutos, vuelvo a la realidad y me dedico a resolver mis problemas logisticos.
Como casi siempre, lo primero que hago es buscar donde dormir. Tardo tres minutos. Es un hotelito con vistas a la laguna. Cama de matrimonio y baño privado. (Tampoco pienses que estoy en el Ritch, me ha costado cinco euros)
Lo segundo que hago, informarme de como llegar a Chichicastenango, ciudad donde se encuentra el mercado de artesania mas grande del mundo (a lo mejor exagero, lo tendria que mirar en san google, pero lo que si es verdad es que es grande de narices.) Pues bien, de nuevo contratiempos. "Imposible. Mañana no se viaja por el tema de las elecciones, ni transporte publico ni privado" A ver si va a ser verdad lo que me dijo Hugo...
No me preocuparia demasiado si no fuera por que el mercado solo lo ponen los domingos y los jueves, pero al fin y al cabo, no puedo hacer nada excepto planificar la ruta de otra manera y por supuesto, quedarme otro dia mas aqui.
Como ya tengo mis problemas logisticos resueltos, me pongo el bañador y me voy al lago directamente por el porton de mi hotelito. aprovecho el sol lo que puedo, porque se que por la tarde se pondra a llover como todos los dias, pero me canso de estar tumbada y decido darme una vuelta por el pueblo. Es asi como me doy cuenta de que aqui no habla español ni Dios. No se exactamente que lengua indigena es la que predomina en el lago, pero aparte de los numeros, que si los dicen en castellano, no entiendo ni papa.
Sigo paseando y veo una terraza que me llama a gritos. Me siento a tomarme una cervecita y conozco a Pablo, el camarero. Es un tio feliz y me da conversacion sin darme el coñazo.
Al cabo de un rato, llega la policia: le quieren multar por venderme alcohol. Al parecer, esta prohibido el dia antes de las elecciones (parece que durante los proximos dias toda la actividad social de Guatemala va a depender de esa falsa accion democratica que es meter un papel en una caja de plastico transparente).
Me marcho al hotel cuando comienza a llover. Descanso y leo hasta que empieza a anochecer y se despeja el cielo. Salgo a cenar y descubro que todo esta lleno de bares y garitos y comienzan a salir guiris por todas partes. Resulta que he venido a parar a un pueblo de hippies. Me encuentro a Pablo otra vez. Por la noche trabaja en otro bar y me dice que me quede a cenar. Por lo que me cuenta prepara unas brochetas buenisimas, asi que me quedo. Sentada junto al Lago escucho a Jimmy Hendrix y de fondo unos timbales. al cabo de un rato me hablan de una "Rave". Demasiado para mi. ¿Me estare haciendo mayor?
Me gusta mucho este sitio, pero de todas formas, sigo sin encontrar la esencia de Guatemala.

Dentro de una postal

Mi destino original: La Antigua Guatemala. Ciudad bonita donde las haya, pero hecha por y para los turistas.
La antigua, dejo de ser capital en 1870, cuando el terremoto “Santa Marta” dejo solo tres edificios en pie. Hoy es el nucleo turístico por excelencia.
Me gusta porque pareces estar dentro de una postal, pero no es centroamerica por muchos indígenas que veas y mucha música de flauta que escuches. Coches caros, restaurantes “típicos” cuidados hasta el ultimo detalle (tanto detalle que en España te costaría un órgano del cuerpo comer en uno de ellos), cafeterías con wifi, hoteles coloniales…Aquí no se ven perros abandonados y a los caballos no le tiemblan las piernas.
Esta claro que no se conoce la realidad de un país siendo turista.
Encuentro hotel gracias a Hugo, un antiqueño que me recomienda uno barato. Cama individual y baño privado: Estoy tirando la casa por la ventana. No me molesto ni en regaear el precio, asi que pago mis 15 dolares y se acabo. Te puede parecer poco, pero aquí es una clavada en toda regla. Tambien le pregunto a Hugo que cuanto me va a costar ir a Panajachel, y la respuesta, me hace reir: “No se, como eres rubia…” o sea, que como tengo una pinta guiri que tira para atrás, me van a cobrar lo que les salga el ciruelo.
Me despido de Hugo después de que me aconseje buscar un turoperador para mi próximo destino por dos motivos fundamentales:
1º, el domingo hay elecciones y no va a haber mucho transporte publico.
2º, el poco transporte publico que haya, tiene muchas posibilidades de ser asaltado y quemado por los partidarios de los perdedores.
Anda que me lo pone bien. Pensaria que me lo dice para sacarse comisión con la turoperadora si no fuera porque esta vez no me recomienda ninguna. Asi que pienso que quizás lleve razón.
El dia se pasa tranquilo y me siento en el Parque Central, cuando juliana, una indígena harta de dar vueltas y de que nadie le compre nada, se sienta a mi lado. No trata de venderme, (o quizás si, de forma sutil) y me pregunta por mi vida, la edad, los hijos, el marido…ella tiene tres y es viuda.
Al final me da pena y le compro dos collares de piedra maya, y por supuesto, no regateo. Me aconseja que vaya a ver las ruinas y obediente, me levanto y voy.

Le pregunto a un chico por donde quedan las ruinas “¿Qué ruinas?” me responde. Unas, que me han dicho. Se rie de mi en mi cara. “Esto esta lleno de ruinas, amor” Y tanto…Sigo caminando y encuentro el convento de Santa Clara (o lo que queda de el) y después la iglesia de los Franciscanos. Entro y tengo la sensación de estar en un cortijo andaluz. Todo pintado de blanco y oliendo a cal. Me encanta. Paseo por su patio, buscando la tumba del hermano Pedro, que no tengo ni puta idea de quien es, pero como hay flechas indicándolo por todos lados, yo las sigo. El hermano Pedro resulto ser un beato de las Canarias, que se embarco hacia las Indias cuando su madre lo quería casar.
Salgo de la Iglesia sin saber muy bien que hacer ahora y vuelvo al parque. Me siento en el solecito en otro banco y llega un artesano con pendientes, un niño con diademas, una indígena con telas…me levanto de allí echando leches porque soy incapaz de decir que no a nada, porque ahora me imagino sus casas de techos de uralita, sus gallinas cojas, su angustia diaria por llevar tres frijoles a un plato…Pero no tengo dinero ni espacio en la mochila para llevar nada mas, asi que vuelvo a pasear por esta postal de Guatemala, esperando que caiga la tarde y yo con ella.

Próxima parada:Guatemala

Tres y cuarenta de la mañana y suena el despertador. Me doy cuenta que es la primera vez que lo pongo desde el 20 de julio. En casi dos meses no me ha hecho falta porque nunca me he despertado después de las seis. Maldito insomnio. Sin embargo, hoy si suena la alarma y salto. El taxi me espera a las cuatro para llevarme al aeropuerto de Managua. Hubiera preferido empezar esta aventura en bus, pero tras poner en una balanza ahorrarme pasta-seguridad, ganó la seguridad.
Llego al mostrador de facturación y no me encuentran. “¿Número de reserva por favor?” Mierda, ya sabía yo que se me olvidaba algo. No lo tengo.“Pues mírelo en el e-mail de confirmación porque no la encontramos ni por nombre ni por apellidos” (No me extraña, no me encuentro ni yo). Me voy al Cyber, cerrado. (Que coño va a estar abierto si son las cinco dela mañana). Vuelvo a facturación, por favor, présteme un ordenador con conexión a internet para mirar el e-mail. “Ok señorita, vaya a la oficina de la compañía a ver si la pueden ayudar”.
Busco entre las zonas vedadas del aeropuerto la “Copa continental airlines” y llamo a una puerta que más bien parece el camarote de un barco. Me abre una chica e intenta ayudarme, pero tiene bloqueado hotmail por el tema de los virus. Se que tengo tiempo porque el embarque es a las 7:50, pero se me empieza a formar un nudo en la garganta. El chico que la acompaña se da cuenta que mi piel está empezando a ponerse amarilla y antes de que me de el jamacuco saca su portátil con su conexión a internet. Busco en el correo y no lo encuentro. Un sudor frío me sube por la nuca cuando recuerdo que ayer hice criba y borré todos los correos de esa cuenta que nunca uso. Busco en eliminados y uy…ahí está. Miro el vuelo y el chico me dice, “si amor, llevabas razón, el avión sale hoy y en nuestra compañía, pero no a las nueve de la mañana, sino de la noche”. Me cago en la puta de las siglas AM y PM (antes meridiem y post meridiem) y del cabrón que las inventó. Me esperan 16 horas sentada en las sillas metálicas del aeropuerto.
Me voy a la librería a ver que me compro. Tengo para escoger cuatro títulos en toda la tienda, así que por una vez en mi vida, la decisión de que libro comprar me resulta pan comido: “El rey transparente” de Rosa Montero.
Entre capítulo y capítulo decido ir a internet a resolver un problema de urgencia: Donde dormir en Guatemala city, ya que esta parada no estaba prevista. )Pensaba ir directamente a la Antigua, mi primer destino, pero llegando a las diez de la noche en vez de a las diez de la mañana, ya no va a ser posible. Encuentro en San google un hostal que no tiene mala pinta y que se llama la Concordia, así que me quedo tranquila.
Cuando el avión aterriza vuelvo a poner en la balanza ahorro pasta autobús- Me dejo clavar taxi. Otra vez gana la seguridad y me monto en el taxi (amarillo o blanco por supuesto…los demás no son oficiales y por tanto poco menos que recomendables). Setenta quetzales y a ver si me tumbo ya en una cama. Pero no va a ser tan fácil. No encontramos el hostal en la dirección que le he dado ni en las calles paralelas.
Va a ser la segunda vez que me ayuden en el día y el taxista, sin cobrarme más, me lleva a otro que él conoce y que no es demasiado caro. Me baja las cosas, me acompaña a la puerta y después regresa con el libro que se me había olvidado en el coche.Me estrecha la mano y me dice “Mucha suerte señorita, y tenga cuidado en este país, que se ve que es usted un poco despistadita”. ¿En qué lo habrá notado?