sábado, 18 de febrero de 2012

Una amante pederasta

Después de dormir seis horas del tirón, haberme duchado con agua semi-caliente, y haberme bebido un café, la vida se ve de otro color y es rosa. Ya no me preocupa mi confusión con los pueblos maya, ni los autobuses, ni las maras, ni a dónde voy a poner el huevo mañana...Solo me tumbo en una playa inmensa para mí sola. Otra vez cara a cara con el "Pacífico", que ahora sé que fue Magallanes el que se lució con el nombre. (Digo cara a cara, porque hay que tenerlos muy bien puestos para meterse aquí.)
Después de que me revuelque un par de veces, me pongo a leer, y a escribir y a pensar en la vida en general y la mía en particular. Me siento bien en mis treinta y cinco años. A lo largo de la vida, he hecho cosas buenas y malas, a veces queriendo y otras sin querer, pero en definitiva, volvería a vivir así. En estas reflexiones tan profundas estoy, cuando por suerte, me saca de ellas un chavalín de trece años. Lo conozco. Es el hijo del dueño del bar donde he comido, y al que le he pedido, hace quince minutos, que me sacara de nuevo la maleta porque me había dejado la parte de arriba del bikini. (En que momento).
"¿Que escribes?", me pregunta. "Lo que veo. De Nicaragua, de Guatemala, de tu país..." le respondo. "¿de mi país?", me dice. "Sí. Tú eres mexicano, ¿no?." "Pues no. Soy hondureño". (Ahí va, la primera en la frente, por profunda).
Después me pregunta lo que realmente le interesa. "¿Te ha costado mucho ponerte la brega?" "¿La qué?" Me imagino que se refiere a la parte de arriba del bikini y me empiezo a descojonar. "Pues no. Tengo experiencia en vestirme con ropa puesta, y además aquí no hay casi nadie."
"En esta playa, te la puedes quitar también", me dice. "No me engañes, si aquí se bañan con la camiseta puesta". "Sí, pero sólo las de aquí, las extranjeras no. Además yo estoy acostumbrado, a mí como si nada" (me empieza a recordar a mi sobrino y a su obsesión con las tetas, y me sigo descojonando).
... Al final, acabamos hablando de mil cosas, pero no deja de observarme. Me pregunta por cicatrices que ni yo sabía que tenía. Medio mosqueada, medio descojonada, le regaño. "Es que quiero ser médico" . Madre de Dios, tiene salida para todo.
Es entonces cuando me vuelve a preguntar "¿No has pensado en perder peso?". Será posible con el hijo puta este..."No Kevin, no lo he pensado". (Mentira, lo he pensado 1000 veces). "Bueno, a mí me gustan así". Me vuelvo a reir.
Seguimos hablando de su hermano (muerto en un atropello), de su madre, de la escuela, hasta que se hace tarde y le digo que tengo que volver a su bar a recoger la maleta y pillar un taxi o algo que me lleve al puerto. "Al final no se va a hacer realidad mi sueño" "¿Qué sueño?" , le pregunto. "No te lo digo que te vas a enojar". No me lo puedo creer. Me está tirando los tejos en toda regla un niño de trece años.
Me despido con un beso, pero antes de marcharse me dice "yo subo primero que si no mi padre me regaña". "Vale Kevin, yo subo después y hago como que no te conozco de nada." (Me siento como una amante pederasta, y me empiezo a partir el culo.
"Kevin", lo llamo antes de marcharse, "¿Qué?", me responde. "No te preocupes por lo del sueño. Estoy segura que en la vida siempre vas a conseguir lo que quieras". Y eso se lo digo cien por cien convencida.

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