sábado, 18 de febrero de 2012

Próxima parada:Guatemala

Tres y cuarenta de la mañana y suena el despertador. Me doy cuenta que es la primera vez que lo pongo desde el 20 de julio. En casi dos meses no me ha hecho falta porque nunca me he despertado después de las seis. Maldito insomnio. Sin embargo, hoy si suena la alarma y salto. El taxi me espera a las cuatro para llevarme al aeropuerto de Managua. Hubiera preferido empezar esta aventura en bus, pero tras poner en una balanza ahorrarme pasta-seguridad, ganó la seguridad.
Llego al mostrador de facturación y no me encuentran. “¿Número de reserva por favor?” Mierda, ya sabía yo que se me olvidaba algo. No lo tengo.“Pues mírelo en el e-mail de confirmación porque no la encontramos ni por nombre ni por apellidos” (No me extraña, no me encuentro ni yo). Me voy al Cyber, cerrado. (Que coño va a estar abierto si son las cinco dela mañana). Vuelvo a facturación, por favor, présteme un ordenador con conexión a internet para mirar el e-mail. “Ok señorita, vaya a la oficina de la compañía a ver si la pueden ayudar”.
Busco entre las zonas vedadas del aeropuerto la “Copa continental airlines” y llamo a una puerta que más bien parece el camarote de un barco. Me abre una chica e intenta ayudarme, pero tiene bloqueado hotmail por el tema de los virus. Se que tengo tiempo porque el embarque es a las 7:50, pero se me empieza a formar un nudo en la garganta. El chico que la acompaña se da cuenta que mi piel está empezando a ponerse amarilla y antes de que me de el jamacuco saca su portátil con su conexión a internet. Busco en el correo y no lo encuentro. Un sudor frío me sube por la nuca cuando recuerdo que ayer hice criba y borré todos los correos de esa cuenta que nunca uso. Busco en eliminados y uy…ahí está. Miro el vuelo y el chico me dice, “si amor, llevabas razón, el avión sale hoy y en nuestra compañía, pero no a las nueve de la mañana, sino de la noche”. Me cago en la puta de las siglas AM y PM (antes meridiem y post meridiem) y del cabrón que las inventó. Me esperan 16 horas sentada en las sillas metálicas del aeropuerto.
Me voy a la librería a ver que me compro. Tengo para escoger cuatro títulos en toda la tienda, así que por una vez en mi vida, la decisión de que libro comprar me resulta pan comido: “El rey transparente” de Rosa Montero.
Entre capítulo y capítulo decido ir a internet a resolver un problema de urgencia: Donde dormir en Guatemala city, ya que esta parada no estaba prevista. )Pensaba ir directamente a la Antigua, mi primer destino, pero llegando a las diez de la noche en vez de a las diez de la mañana, ya no va a ser posible. Encuentro en San google un hostal que no tiene mala pinta y que se llama la Concordia, así que me quedo tranquila.
Cuando el avión aterriza vuelvo a poner en la balanza ahorro pasta autobús- Me dejo clavar taxi. Otra vez gana la seguridad y me monto en el taxi (amarillo o blanco por supuesto…los demás no son oficiales y por tanto poco menos que recomendables). Setenta quetzales y a ver si me tumbo ya en una cama. Pero no va a ser tan fácil. No encontramos el hostal en la dirección que le he dado ni en las calles paralelas.
Va a ser la segunda vez que me ayuden en el día y el taxista, sin cobrarme más, me lleva a otro que él conoce y que no es demasiado caro. Me baja las cosas, me acompaña a la puerta y después regresa con el libro que se me había olvidado en el coche.Me estrecha la mano y me dice “Mucha suerte señorita, y tenga cuidado en este país, que se ve que es usted un poco despistadita”. ¿En qué lo habrá notado?

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