Mi destino original: La Antigua Guatemala. Ciudad bonita donde las haya, pero hecha por y para los turistas.
La antigua, dejo de ser capital en 1870, cuando el terremoto “Santa Marta” dejo solo tres edificios en pie. Hoy es el nucleo turístico por excelencia.
Me gusta porque pareces estar dentro de una postal, pero no es centroamerica por muchos indígenas que veas y mucha música de flauta que escuches. Coches caros, restaurantes “típicos” cuidados hasta el ultimo detalle (tanto detalle que en España te costaría un órgano del cuerpo comer en uno de ellos), cafeterías con wifi, hoteles coloniales…Aquí no se ven perros abandonados y a los caballos no le tiemblan las piernas.
Esta claro que no se conoce la realidad de un país siendo turista.
Encuentro hotel gracias a Hugo, un antiqueño que me recomienda uno barato. Cama individual y baño privado: Estoy tirando la casa por la ventana. No me molesto ni en regaear el precio, asi que pago mis 15 dolares y se acabo. Te puede parecer poco, pero aquí es una clavada en toda regla. Tambien le pregunto a Hugo que cuanto me va a costar ir a Panajachel, y la respuesta, me hace reir: “No se, como eres rubia…” o sea, que como tengo una pinta guiri que tira para atrás, me van a cobrar lo que les salga el ciruelo.
Me despido de Hugo después de que me aconseje buscar un turoperador para mi próximo destino por dos motivos fundamentales:
1º, el domingo hay elecciones y no va a haber mucho transporte publico.
2º, el poco transporte publico que haya, tiene muchas posibilidades de ser asaltado y quemado por los partidarios de los perdedores.
Anda que me lo pone bien. Pensaria que me lo dice para sacarse comisión con la turoperadora si no fuera porque esta vez no me recomienda ninguna. Asi que pienso que quizás lleve razón.
El dia se pasa tranquilo y me siento en el Parque Central, cuando juliana, una indígena harta de dar vueltas y de que nadie le compre nada, se sienta a mi lado. No trata de venderme, (o quizás si, de forma sutil) y me pregunta por mi vida, la edad, los hijos, el marido…ella tiene tres y es viuda.
Al final me da pena y le compro dos collares de piedra maya, y por supuesto, no regateo. Me aconseja que vaya a ver las ruinas y obediente, me levanto y voy.
Le pregunto a un chico por donde quedan las ruinas “¿Qué ruinas?” me responde. Unas, que me han dicho. Se rie de mi en mi cara. “Esto esta lleno de ruinas, amor” Y tanto…Sigo caminando y encuentro el convento de Santa Clara (o lo que queda de el) y después la iglesia de los Franciscanos. Entro y tengo la sensación de estar en un cortijo andaluz. Todo pintado de blanco y oliendo a cal. Me encanta. Paseo por su patio, buscando la tumba del hermano Pedro, que no tengo ni puta idea de quien es, pero como hay flechas indicándolo por todos lados, yo las sigo. El hermano Pedro resulto ser un beato de las Canarias, que se embarco hacia las Indias cuando su madre lo quería casar.
Salgo de la Iglesia sin saber muy bien que hacer ahora y vuelvo al parque. Me siento en el solecito en otro banco y llega un artesano con pendientes, un niño con diademas, una indígena con telas…me levanto de allí echando leches porque soy incapaz de decir que no a nada, porque ahora me imagino sus casas de techos de uralita, sus gallinas cojas, su angustia diaria por llevar tres frijoles a un plato…Pero no tengo dinero ni espacio en la mochila para llevar nada mas, asi que vuelvo a pasear por esta postal de Guatemala, esperando que caiga la tarde y yo con ella.
La antigua, dejo de ser capital en 1870, cuando el terremoto “Santa Marta” dejo solo tres edificios en pie. Hoy es el nucleo turístico por excelencia.
Me gusta porque pareces estar dentro de una postal, pero no es centroamerica por muchos indígenas que veas y mucha música de flauta que escuches. Coches caros, restaurantes “típicos” cuidados hasta el ultimo detalle (tanto detalle que en España te costaría un órgano del cuerpo comer en uno de ellos), cafeterías con wifi, hoteles coloniales…Aquí no se ven perros abandonados y a los caballos no le tiemblan las piernas.
Esta claro que no se conoce la realidad de un país siendo turista.
Encuentro hotel gracias a Hugo, un antiqueño que me recomienda uno barato. Cama individual y baño privado: Estoy tirando la casa por la ventana. No me molesto ni en regaear el precio, asi que pago mis 15 dolares y se acabo. Te puede parecer poco, pero aquí es una clavada en toda regla. Tambien le pregunto a Hugo que cuanto me va a costar ir a Panajachel, y la respuesta, me hace reir: “No se, como eres rubia…” o sea, que como tengo una pinta guiri que tira para atrás, me van a cobrar lo que les salga el ciruelo.
Me despido de Hugo después de que me aconseje buscar un turoperador para mi próximo destino por dos motivos fundamentales:
1º, el domingo hay elecciones y no va a haber mucho transporte publico.
2º, el poco transporte publico que haya, tiene muchas posibilidades de ser asaltado y quemado por los partidarios de los perdedores.
Anda que me lo pone bien. Pensaria que me lo dice para sacarse comisión con la turoperadora si no fuera porque esta vez no me recomienda ninguna. Asi que pienso que quizás lleve razón.
El dia se pasa tranquilo y me siento en el Parque Central, cuando juliana, una indígena harta de dar vueltas y de que nadie le compre nada, se sienta a mi lado. No trata de venderme, (o quizás si, de forma sutil) y me pregunta por mi vida, la edad, los hijos, el marido…ella tiene tres y es viuda.
Al final me da pena y le compro dos collares de piedra maya, y por supuesto, no regateo. Me aconseja que vaya a ver las ruinas y obediente, me levanto y voy.
Le pregunto a un chico por donde quedan las ruinas “¿Qué ruinas?” me responde. Unas, que me han dicho. Se rie de mi en mi cara. “Esto esta lleno de ruinas, amor” Y tanto…Sigo caminando y encuentro el convento de Santa Clara (o lo que queda de el) y después la iglesia de los Franciscanos. Entro y tengo la sensación de estar en un cortijo andaluz. Todo pintado de blanco y oliendo a cal. Me encanta. Paseo por su patio, buscando la tumba del hermano Pedro, que no tengo ni puta idea de quien es, pero como hay flechas indicándolo por todos lados, yo las sigo. El hermano Pedro resulto ser un beato de las Canarias, que se embarco hacia las Indias cuando su madre lo quería casar.
Salgo de la Iglesia sin saber muy bien que hacer ahora y vuelvo al parque. Me siento en el solecito en otro banco y llega un artesano con pendientes, un niño con diademas, una indígena con telas…me levanto de allí echando leches porque soy incapaz de decir que no a nada, porque ahora me imagino sus casas de techos de uralita, sus gallinas cojas, su angustia diaria por llevar tres frijoles a un plato…Pero no tengo dinero ni espacio en la mochila para llevar nada mas, asi que vuelvo a pasear por esta postal de Guatemala, esperando que caiga la tarde y yo con ella.


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