Las suelas, cada dia mas rotas de mis falsas converse, me aproximan a Na-baloon (casa del jaguar). Na-baloon, es una asociación cultural para la conservación de los indígenas de la Sierra de Ladandon. Probablemente, sería el último lugar al que iría si estuviera acompañada, para que mentir, pero me aburro un poco y me decido.
La asociación es una casa colonial donde hay de todo: museo, biblioteca, comedor, habitaciones para quedarse a dormir (si tienes mucha pasta, por supuesto), y me voy paseando ensimismada hasta que de pronto, escucho un piano. Me aproximo a la habitación de dónde sale la música, y me encuentro tocando a un tío con gorra y chaleco. La verdad, es que no pega mucho ni con el entorno ni con la melodía que sale de sus manos, pero haberme encontrado a Bethoven, iba a haber sido algo complicado. Me siento en la única silla que hay en la habitación (aparte de la banqueta del músico) y me quedo escuchando hasta que de pronto, para de tocar y me habla. No me pregunta sobre nada pero me dice que está comido de picaduras de pulga. Tampoco le respondo nada, pero saco de mi bolso la crema que compré contra las picaduras de insectos. "Es un regalo", le digo. Salgo de la habitación y sigo paseando por el museo, hasta que sin poderlo remediar, me siento en la única esquina del patio a la que llegan los rayos del sol. Es entonces cuando lo veo aparecer otra vez y se sienta a mi lado. Se llama Richard, es de alburquerque y es compositor. El miércoles dará un concierto en esa misma casa en la que estoy yo ahora.
Tendrá unos cincuenta años y fisicamente, es puro yanki, sin embargo, lleva años viviendo en Chiapas y a pesar de sus problemas con las pulgas, no parece que vaya a moverse de alli.
Después de un rato, nos despedimos y como no voy a poder ir a su concierto, me regala el CD. "Es a cambio de tu crema", me dice. Sin embargo, también me devuelve la crema, por si acaso ahora, me atacan a mi.
La asociación es una casa colonial donde hay de todo: museo, biblioteca, comedor, habitaciones para quedarse a dormir (si tienes mucha pasta, por supuesto), y me voy paseando ensimismada hasta que de pronto, escucho un piano. Me aproximo a la habitación de dónde sale la música, y me encuentro tocando a un tío con gorra y chaleco. La verdad, es que no pega mucho ni con el entorno ni con la melodía que sale de sus manos, pero haberme encontrado a Bethoven, iba a haber sido algo complicado. Me siento en la única silla que hay en la habitación (aparte de la banqueta del músico) y me quedo escuchando hasta que de pronto, para de tocar y me habla. No me pregunta sobre nada pero me dice que está comido de picaduras de pulga. Tampoco le respondo nada, pero saco de mi bolso la crema que compré contra las picaduras de insectos. "Es un regalo", le digo. Salgo de la habitación y sigo paseando por el museo, hasta que sin poderlo remediar, me siento en la única esquina del patio a la que llegan los rayos del sol. Es entonces cuando lo veo aparecer otra vez y se sienta a mi lado. Se llama Richard, es de alburquerque y es compositor. El miércoles dará un concierto en esa misma casa en la que estoy yo ahora.
Tendrá unos cincuenta años y fisicamente, es puro yanki, sin embargo, lleva años viviendo en Chiapas y a pesar de sus problemas con las pulgas, no parece que vaya a moverse de alli.
Después de un rato, nos despedimos y como no voy a poder ir a su concierto, me regala el CD. "Es a cambio de tu crema", me dice. Sin embargo, también me devuelve la crema, por si acaso ahora, me atacan a mi.

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