sábado, 18 de febrero de 2012

Bienvenido a Chiapas

Me esperan diez horas de autobus hasta llegar a Chiapas, concretamente a San Cristobal de las Casas. Pasamos " la Mesilla", ya en la frontera, y no llevamos ni quince minutos de trayecto dentro del territorio mexicano cuando nos para un control militar. Supongo que buscan droga, porque meten un pastor aleman precioso dentro de la furgoneta. Le veo olisquear en mi bolso, y por una vez, agradezco no tener ni un mal porro. Tres israelitas, dos finlandeses, dos suizas, dos japonesas, dos guatemaltecos, un mexicano y yo, miramos desde la cuneta la labor militar. al parecer, nadie lleva nada y seguimos adelante. Despues de tres horas sin contratiempos, a excepcion de dos controles mas, llegamos a San Cristobal, ciudad Chiapa por excelencia.
Podrias imaginar un pueblo desertico en una llanura, pero nada mas lejos de la realidad. Es una ciudad, (un poco sui generis, eso si), de luz y color dentro de un bosque montañoso. El paisaje, podria recordar a la Sierra de Cazorla si no fuera porque sus hostales, sus bares, sus calles y sus casas son puro Mexico.

Al dia siguiente de mi llegada, me paseo con camara en mano visitando como buena turista, los puntos marcados en mi mapa. Entro a iglesias y catedrales y cuando empiezo a aburrirme, veo a dos indigenas junto al cuerpo arrodillado de un Cristo, bendiciendo una botella de cocacola de dos litros y otros enseres parecidos. Es entonces cuando decido quedarme otro rato mas a ver que hacen. De lo que le dicen al Cristo, no tengo ni idea, pero imagina a tu abuela rezando el rosario a toda pastilla poseida por el espiritu de un guerrero maya. Pues algo asi. Despues, cambian de figura y se van a ponerle velas a otro Santo. Creo que en mi vida he sentido tanta curiosidad por algo, pero me parece irrespetuoso ir a preguntarles.
Vuelvo a salir a la calle, segura de que esta noche no voy a poder dormir pensando en que cono estaban haciendo, y me encuentro con una celebracion militar. Esto cada vez me resulta menos extraño. En Centroamerica conmemoran hasta el dia de la piedra. Lo que si es cierto que no deja de chocarme, es ver a tanto militar, policia y guardia de seguridad armado hasta los dientes a cada paso que das.
En mi visita por las calles, encuentro a Pablo (otro Pablo, pues si). Pablo es un librero ambulante que escribe cuentos sobre jirafas. Me gusta hablar con el y quiere invitarme a tomar un cafe, pero no quiero mas compromiso que el de una charla en la calle y rechazo su ofrecimiento. Tampoco le compro un libro que me gustaba. Costaba diez euros y estoy rozando la miseria. Y hablando de miseria...Mexico es caro. Como mi economia no da para mas, almuerzo en una especie de cochera con cinco mesas y manteles de hule, un menu que me sabe a gloria: lentejas, albondigas en chile chipotle (que pican como sus muertos) y arroz.
Despues vuelvo al albergue y descanso un rato hasta que deje de llover, y efectivamente, lo hace. En esta tierra imprevisible, curiosamente, la lluvia es lo unico que esta programado.

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