El no puedo hacer nada, el mundo es así, el tengo que seguir mi camino, son las tres frases que engloban una forma de vida que no es otra que la del Salvese quien pueda. Me pregunto si merece la pena salvarse a costa de esto.
Las ganas de liarme la manta a la cabeza y cambiar el traje de chaqueta de los lunes por unos vaqueros sucios, no me faltan. Lo que si me falta es el valor para hacerlo.lunes, 26 de septiembre de 2011
Salvese quien pueda
El cañon de Somoto
Escuela-fiesta-viaje. Es el trinomio que compone mi vida desde que llegué a este país. ¿No está mal verdad? Esta vez ha sido el cañón de Somoto en el rio Coco, el más largo de toda Centroamérica.
Salimos a las 12 de la mañana, gracias a que Rafa, con algo más de cerebro que el resto, nos impidió salir de empalmada a las cinco de la madrugada. Fuimos a despertarle con la mochila y la borrachera puesta y lo iluminamos en su cama con una linterna rollo CSI, pero ni así nos hizo caso.
Al final, decidimos dormir y salir más tarde.
El viaje, como siempre: autobús, calor, gente, y empalmes para poder llegar a la localidad de Somoto, que hace frontera con Honduras. Sin embargo, esta vez estuvo todo mucho más organizado. ¿Por qué estamos aprendiendo? NOOOO, porque nos acoplamos a otro grupo de españoles que nos encontramos en una estación. (Hotel preparado, transporte preparado, guia preparado…) Esta no soy yo, pero que bien que me ha venido y no sólo a mí, porque a Rafa, Uri, Mireia y Pablo, entran dentro del mismo saco o mejor dicho, en el mismo cajón desastre.
El objetivo de trasponer al norte, es esta vez, saltar desde un barranco de 15 metros. Si, si, ya lo sé…quien me ha visto y quien me ve. Creo que me han abducido los extraterrestres, me han metido un microchip y me han soltado en Nicaragua, porque además de tirarse desde dicha altura había que atravesar el río nadando a contracorriente. (Había tramos que nos tenían que enganchar desde una cuerda para que no nos fuéramos a Albacete) y después escalar por las piedras, que vaya tela.
Por supuesto, cuando llegué arriba, me cagué, ya que no estaba muy segura de querer morir así, pero después de que se tiraran los dos primeros, decidí que lo mejor era cerrar los ojos y saltar cuanto antes porque no era plan de seguir encaramada en la piedra rollo aguilucho.
Finalmente, y como aqui nunca es suficiente y siempre se vive como si fuera el último día de tu vida, también se salió por la noche para quemar Estelí, y algunos le pegaron fuego.
Salimos a las 12 de la mañana, gracias a que Rafa, con algo más de cerebro que el resto, nos impidió salir de empalmada a las cinco de la madrugada. Fuimos a despertarle con la mochila y la borrachera puesta y lo iluminamos en su cama con una linterna rollo CSI, pero ni así nos hizo caso.
Al final, decidimos dormir y salir más tarde.
El viaje, como siempre: autobús, calor, gente, y empalmes para poder llegar a la localidad de Somoto, que hace frontera con Honduras. Sin embargo, esta vez estuvo todo mucho más organizado. ¿Por qué estamos aprendiendo? NOOOO, porque nos acoplamos a otro grupo de españoles que nos encontramos en una estación. (Hotel preparado, transporte preparado, guia preparado…) Esta no soy yo, pero que bien que me ha venido y no sólo a mí, porque a Rafa, Uri, Mireia y Pablo, entran dentro del mismo saco o mejor dicho, en el mismo cajón desastre.
El objetivo de trasponer al norte, es esta vez, saltar desde un barranco de 15 metros. Si, si, ya lo sé…quien me ha visto y quien me ve. Creo que me han abducido los extraterrestres, me han metido un microchip y me han soltado en Nicaragua, porque además de tirarse desde dicha altura había que atravesar el río nadando a contracorriente. (Había tramos que nos tenían que enganchar desde una cuerda para que no nos fuéramos a Albacete) y después escalar por las piedras, que vaya tela.
Por supuesto, cuando llegué arriba, me cagué, ya que no estaba muy segura de querer morir así, pero después de que se tiraran los dos primeros, decidí que lo mejor era cerrar los ojos y saltar cuanto antes porque no era plan de seguir encaramada en la piedra rollo aguilucho.
Finalmente, y como aqui nunca es suficiente y siempre se vive como si fuera el último día de tu vida, también se salió por la noche para quemar Estelí, y algunos le pegaron fuego.
Un día duro
Abro los ojos antes de lo que me gustaría y pienso “Hoy va a ser un día duro”. Gaizka se va. No sé mucho de su pasado y menos aún de su futuro, pero durante este mes, he vivido su presente. He descubierto a una persona generosa, divertida, resolutiva y a alguien con el que poder contar. No conozco al otro Gaizka, ese que lleva cuatro años dando vueltas por sudamerica sin poder entrar en España y sin saber cual será su próximo destino hasta que llame a alguien desde el aeropuerto de Miami y le diga a dónde tiene que volar. Esta vez no he querido saber y por tanto no he querido preguntar. Sólo me quedo con el recuerdo de un beso con sabor a lágrimas junto a la puerta de un taxi. Durante estos treinta días, lo he visto rodeado de chavales tan desarrapados como él, intentando que aprendan a leer. Yo también espero que él aprenda otras cosas.
En fin, me quedo un poco sólo, casi tanto como cuando llegué, pero abriendo las puertas de “la casa libertad”, para todos los que llegan con la ilusión en la cara y la mente limpia
También se fue Alessandro, quizás el único italiano que no habla, pero que transmite en cada mirada y en cada sonrisa. Tranquilo, sereno, pacífico y un poco yonki también, pero un tío “grandi”, como él diría. Se alegró de que nos hubiéramos conocido tarde. Pensó que uno ya es bastante peligroso sólo como para que encima le hagan compañía. Le espera Perugia con los brazos abiertos, la única forma de esperar a alguien como él.
Después se van Arantxa y Laura, dos personas que me enseñaron que la solidaridad y la bondad son algo más que dos palabras agudas y lo demuestran a diario, y finalmente, Mireia, la más punki entre los punkis y mi compañera de aventuras en este país de locos. Cómo la voy a echar de menos. Sin ella, Nicaragua seguirá siendo Nicaragua, pero mucho menos divertida.En fin, me quedo un poco sólo, casi tanto como cuando llegué, pero abriendo las puertas de “la casa libertad”, para todos los que llegan con la ilusión en la cara y la mente limpia
martes, 6 de septiembre de 2011
Pescando tiburoncitos blancos
“Cuando bajen del bus, corran, y no se entretengan hasta llegar a Iván Montenegro”. Así empieza mi aventura para llegar a las Corn Island.
Mireia y yo, somos las únicas blancas que cogen ese autobús nocturno, pero no parece preocuparnos demasiado, porque casi antes de arrancar, nos hemos quedado dormidas.
Despertamos a las dos y media, en el culo del mundo, para coger una patera (aquí las llaman pangas), para que nos lleve a través del Rio Escondido a una localidad que se llama “Bluefields”, cerca de la costa caribeña. Pese a todo pronóstico, llegamos, pero no estamos muy seguras si Bluefields sigue siendo Nicaragua o un poblado jamaicano, ¿Por qué lo digo? Todos son negros y hablan algo parecido al inglés (después me entero que lo que hablan es criollo, un antiguo idioma de los esclavos caribeños).
Explico como puedo que busco un barco para que me lleve a Corn Island (se supone que este es mi destino final, pero nadie sabe darnos información. Me digo para mí misma que quizás, en vez de preguntar en el puerto debería hacerlo en la farmacia).
Nos pateamos los embarcaderos, muelles y puertos de Bluefields y por fin descubro que mi barco sólo sale los miércoles (hoy es viernes), y que pruebe en el Bluff, a ver si sale un carguero que me quiera llevar. No sé si me apetece carguero, y al final decido que no (alguien nos avisa que se hunden con bastante facilidad). Nos vamos para la Laguna de Perlas, lugar desconocido y cuya única referencia, es que está habitado por un pueblo precolombino al que llaman “Mezquito”
Ale, otra vez a la patera.Llegamos sin imprevistos y felices ante el espectáculo que nos ofrece el río. La Laguna de Perlas se abre de par en par y nos muestra un poblado caribeño, lleno de cabañas de colores dónde los “chabalos” se bañan en el río al mismo tiempo que sus madres lavan la ropa.
Caminamos hasta llegar a la parte donde habitan los Mezquitos, pero ya están mezclados y la mayoría son negros, pero aún conservan la cultura de antes de que llegara Colón. En esta parte del pueblo, junto al río, hay un embarcadero con un bar. Irresistible lugar para pasar de largo. Por supuesto, nos quedamos. Es allí dónde conocemos a Walter, un chico de La Laguna que conoce a un español que vive allí desde hace cuatro años y nos propone un plan: Ir a los Cayos. No tenemos ni puta idea de que son los cayos, pero nos enseña las fotos de una islita pequeña y con arena blanca, y como dice la Gominola, se nos hacen los ojos chiribitas.
Partimos a la mañana siguiente, después de dormir en el colchón más mugriento que puedas imaginar. Como las sábanas no estaban tan mal, las colocamos de forma estratégica para que bajo ningún concepto, pudiéramos rozar semejante cúmulo de chinches y mierda. Aún así, fallamos y la estrategia se fue a tomar por culo.
Amanecimos encima del colchón. Cosas de la vida.
Llegamos a los cayos en otra patera (algo más rápida y sofisticada que las anteriores pero patera, al fin y al cabo. Me sentí como Robinson Crussoe.)
Los cayos son privados, pero nos podemos quedar si le pagamos algo a la familia que los vigila. Nunca había pensado que alguien pudiera vivir todo un año entre chamizos de madera y plástico sin hacer absolutamente nada excepto mirar al horizonte y partir cocos. Pensé que por mucho que me pagaran, no duraría ni un mes.
Después de hacernos fotos como las guiris entre las palmeras y las hamacas, nos fuimos a pescar en “linea”. Pescar en “línea” consiste en enganchar una gamba a un anzuelo atado de un hilo. Sinceramente, tenía serias dudas de que se pudiera pescar algo en esas condiciones, así que puedes imaginar mi cara cuando pesqué nada más y nada menos que una cría de tiburón blanco. Casi me cago encima.
En cuestión de hora y media, además de un variado surtido de pargos y algo parecido a los salmonetes, pescamos dos tiburoncitos, lo cual significa, que el caribe nicaraguense está plagado de tiburones. Ya no me bañé a gusto en todo el fin de semana. Me planteo seriamente en demandar a Steven Spealberg. Cuanto mal ha hecho este tipo con “Tiburón” a toda mi generación. De todas formas, cual indígenas caribeñas, nos comimos nuestra pesca, y por cierto…exquisito.
Se aproxima la hora de dormir, pero como aún no hemos tenido suficiente aventura, empieza a jarrear. De momento, no me preocupo, porque pienso que la tienda de campaña es impermeable, pero me voy acojonando cuando empiezo a escuchar truenos y ver relámpagos, acompañados de un vientecito que dista mucho de ser brisa marina. Ay Madre de Dios, que la tienda está al lado de la orilla. Oigo a Mireia decir “Somos piel, somos piel” (En su argot, sinónimo de que la tienda se va a tomar por culo y que nos falta el canto de los antiguos duros para que nos coman los papás de los tiburoncitos que hemos cazado)
Sin embargo, dan las siete de la mañana y sigo estando viva y feliz. El día transcurre tranquilo y vienen a por nosotras para regresar a la Laguna de Perlas. Pasamos sin novedades el puesto fronterizo que separa el Caribe del Río y que está vigilado por la policía nica para que no entre coca (los colombianos descargan bastante cerca de los cayos, pero no tuve tanta suerte) y así, llegamos de nuevo al colchón mugriento (misma habitación). Nos levantamos temprano, porque a las cinco y media, cogemos el autobús para regresar a Granada. Esta vez, hacemos la ruta de vuelta por tierra. Nos hemos enterado que se puede hacer así y pasamos de patera), sin embargo, estamos jodidas, porque el generador se ha apagado, no hay luz y tenemos que hacer las mochilas encendiendo cerillas. La Virgen Santa, no voy a dejar de pasar fatigas.
Mi primera resaca
Si, si, me estaba haciendo esperar. Ayer salí lo que se dice salir (no era el primer día porque el jueves pasado tampoco fui del todo buena, pero es que con tanta fiesta de despedida, esto a veces se parece a una erasmus.) Sin embargo, hoy tengo hormigas devorándome los intestinos y las neuronas se están acuchillando entre ellas. Vamos, lo que se dice vulgarmente una resaca de cojones.
No estoy para nada que no sea esconderme debajo de la cama con un sobre de espidifén.
Además, ando un poco triste, porque ayer se fueron las “Dos Raqueles”, que son dos de las grandes cosas que me llevaré de Nicaragua.
Es raro coger tanto cariño y tan intenso en tan poco tiempo, pero cuando estás lejos y sola, estas cosas pasan.
Da pena decir adios, porque te vas dejando cachitos de ti en cada despedida, pero por suerte, y como dijo una de las Raqueles, también te llevas cachitos de los demás. En el fondo, si no pierdes nada, no se sufre, pero tampoco se vive, y yo, estoy dispuesta a vivir por cada poro de la piel.
No estoy para nada que no sea esconderme debajo de la cama con un sobre de espidifén.
Además, ando un poco triste, porque ayer se fueron las “Dos Raqueles”, que son dos de las grandes cosas que me llevaré de Nicaragua.
Es raro coger tanto cariño y tan intenso en tan poco tiempo, pero cuando estás lejos y sola, estas cosas pasan.
Da pena decir adios, porque te vas dejando cachitos de ti en cada despedida, pero por suerte, y como dijo una de las Raqueles, también te llevas cachitos de los demás. En el fondo, si no pierdes nada, no se sufre, pero tampoco se vive, y yo, estoy dispuesta a vivir por cada poro de la piel.
Escondida en la jungla
En mi mundo de contrastes voy de camino a la Isla de Ometepe, cerca de la provincia de Rivas. Paramos en San Jorge, y cogemos el “Ferry”, o sea, el barco de Popeye el Marino, para poder llegar. Me siento en la cubierta, y me dejo besar por el sol y la brisa de Centroamérica. El nirvana existe y yo ya me he pasado de nivel.
Nos hospedamos en mitad de la selva, pero cerca de la playa, de una laguna, unas cataratas y por supuesto otro volcán. (No se acaban nunca). Es un paraíso salvaje y en un momento soy consciente de que estoy tomando ron (no había tequila), en una cabaña de madera, que está en mitad de la selva, que está en mitad de una isla, que está en mitad del lago más grande del mundo, que está en mitad de Centroamérica, y me siente una privilegiada y me gustaría que todos estuvierais aquí.
La noche en la isla la paso mal, como casi siempre. Además, duermo con Laura y con Pablo y no se ponen de acuerdo sobre el uso del ventilador. Una tiene calor, al otro le molesta el ruido. Propongo: Una pastilla para cada uno y a ver si dormimos tranquilos.
Pasan las horas y llega la mañana. Miro como cada día este cielo azul clarito y vuelvo a dar gracias a todos los tótems por estar aquí.
Me espera un día tranquilo, playa y cerveza, pero por la noche se repite la misma discusión: Esta vez gana el ventilador.
Nos despedimos de Ometepe con una ruta a caballo y un baño en “El ojo del Agua”. Los nativos aseguran su poder rejuvenecedor y curativo. Me pregunto si también cura las heridas del alma.
Nos hospedamos en mitad de la selva, pero cerca de la playa, de una laguna, unas cataratas y por supuesto otro volcán. (No se acaban nunca). Es un paraíso salvaje y en un momento soy consciente de que estoy tomando ron (no había tequila), en una cabaña de madera, que está en mitad de la selva, que está en mitad de una isla, que está en mitad del lago más grande del mundo, que está en mitad de Centroamérica, y me siente una privilegiada y me gustaría que todos estuvierais aquí.
La noche en la isla la paso mal, como casi siempre. Además, duermo con Laura y con Pablo y no se ponen de acuerdo sobre el uso del ventilador. Una tiene calor, al otro le molesta el ruido. Propongo: Una pastilla para cada uno y a ver si dormimos tranquilos.
Pasan las horas y llega la mañana. Miro como cada día este cielo azul clarito y vuelvo a dar gracias a todos los tótems por estar aquí.
Me espera un día tranquilo, playa y cerveza, pero por la noche se repite la misma discusión: Esta vez gana el ventilador.
Nos despedimos de Ometepe con una ruta a caballo y un baño en “El ojo del Agua”. Los nativos aseguran su poder rejuvenecedor y curativo. Me pregunto si también cura las heridas del alma.
El lago Cocibolca
Granada está bañada por el Lago Cocibolca. El lago más grande del mundo (dicen que es el único que tiene tiburones de agua dulce). Dentro del lago, existen unos pequeños paraísos naturales, a los que los nativos llaman “Las isletas”, creadas tras la erupción volcánica del Mombacho.
Antiguamente, las isletas estaban habitadas por los parias de la ciudad. Hoy en día sus habitantes son los monos araña y los grandes capitales del país. Pon la mente en blanco y piensa en pequeñas selvas en medio del mar, con chiringuitos de madera y ron de caña. ¿Mola verdad? Pues no te acercas ni por asomo a imaginar tanta belleza. Estoy en el país de las sensaciones.
Sin embargo, llega la mañana y vuelvo a la realidad, a los niños desarrapados, a los platos de arroz diario (cuando hay platos y hay arroz, a los abrazos de los “chabalos” que se agarran a tu cuello buscando a alguien que les haga un poquito de caso…En fin, vuelvo a la purita miseria de los que no merecen vivir así.
fin, vuelvo a la purita miseria de los que no merecen vivir así.
Macarrones con tomate
Llevo unos días bastante tranquilos, teniendo en cuenta que vivo con 16 personas y una infinidad de bichos. La rutina comienza a establecerse en mi día a día. Voy a la escuela, hago algunas compras de productos básicos, y por la noche salgo a la “Calzada”, que es la calle principal, a tomarme unas cervezas. Sin embargo hoy, me ha pasado algo con lo que me he sentido fatal: He hecho llorar a una niña. La verdad es que no están muy acostumbrados a que les regañen, porque aquí los dejan a la mano de Dios (que por cierto, es bastante corta en este país) y la disciplina, es una palabra que seguro no está en el diccionario nica. (No me explico como echaron a los gringos de Nicaragua, aquí hace cada uno lo que le sale el cipote). Bueno, volviendo al tema de la niña, le regañé un poco y se puso a llorar. Después de clase fui a hablar con ella y para dejarme a la altura de la suela del zapato, me regaló una pulserita y un anillo de plástico azul. (Entonces la que empezó a llorar fui yo) Así son los niños de este país.
El Pacífico
León está muy cerca del mar, y aunque el día no acompaña, no quiero perderme la oportunidad de ir al Océano Pacífico (que no se quien coño le puso el nombre, pero se lució. Casi no puedo ni entrar del temporal que había).De todas formas, no me quedo mucho tiempo, porque para poder llegar a Granada, se tardan casi cuatro horas (aunque sólo están separadas por 100 km). El concepto tiempo-distancia, tiene un sentido diferente en Nicaragua
Llego en el momento justo de observar uno de los anocheceres más impresionantes del mundo (a lo mejor no, pero para mí sí), pero se rompe el encanto cuando alguien propone ir a comer al chino. Aquí también hay un chino, pero es un poco diferente: Al rollito de primavera, le llaman “Taco Chino”, y los camareros, son nicas, pero la comida tiene el mismo sabor (no sé como lo hacen. Que mérito tienen). De todas formas, comí vegetales, porque si en España se dice que cocinan a los perros, aquí ya no me quiero ni imaginar.
Vuelvo a casa y hay cinco nuevas y no encuentro ni las sábanas y la almohada de mi cama. La virgen que descontrol.
Busco por los tendederos y encuentro una para arriba y otra para abajo, pero no tengo tanta suerte con la almohada. Mañana preguntaré quien ha sido, a ver si la recupero
Llego en el momento justo de observar uno de los anocheceres más impresionantes del mundo (a lo mejor no, pero para mí sí), pero se rompe el encanto cuando alguien propone ir a comer al chino. Aquí también hay un chino, pero es un poco diferente: Al rollito de primavera, le llaman “Taco Chino”, y los camareros, son nicas, pero la comida tiene el mismo sabor (no sé como lo hacen. Que mérito tienen). De todas formas, comí vegetales, porque si en España se dice que cocinan a los perros, aquí ya no me quiero ni imaginar.
Vuelvo a casa y hay cinco nuevas y no encuentro ni las sábanas y la almohada de mi cama. La virgen que descontrol.
Busco por los tendederos y encuentro una para arriba y otra para abajo, pero no tengo tanta suerte con la almohada. Mañana preguntaré quien ha sido, a ver si la recupero
lunes, 5 de septiembre de 2011
Tres historias cortas
28-07-2011
Después de buscar hostal (olvidate de lo que imaginas por hostal, pero es que no se me ocurre otra palabra), paseamos por la ciudad y…Oh! Sorpresa! La fiesta me persigue. Declaran patrimonio de la humanidad la catedral de León ese mismo día, y para celebrarlo, los nicas han montado un festival de cojones. La plaza de la ciudad, está a reventar y junto a la catedral, han puesto un escenario para una actuación popular.
No sé si me apetece ver folclore nicaraguense, pero ya que estoy aquí, me quedo. Y menos mal. La catedral como fondo, la música, los bailarines…Todo se te va metiendo dentro como el propio país y para mi asombro, me descubro con los pelos de punta y gritando olé.
Me va gustando el azul clarito de su cielo, el olor de las calles tras la lluvia, y las manos siempre sucias de sus niños.
30-07-2011
Me preparo para ir al museo de la revolución sandinista, cuando Laura me dice “¿Con esa ropa?” (Me pregunto que de malo tendrá el vestido que me regaló el Berni para mi cumpleaños) “Es que vamos a la selva”. ¿Qué vamos dónde? “A Cerro Negro”.
O sea, el plan del sábado es ir a otro volcán. Me niego. Eso ya lo hice la semana pasada, y la experiencia, fue bonita, pero va a ser única e irrepetible en todos los sentidos. “Pero tonta, este es mucho mejor” ¿Por qué? “Porque el volcán está activo y nos vamos a tirar con un cartón desde la cima” (AHHHHH. Recuerdame que me junte con otra gente).
Pese a lo poco sugerente de la propuesta, acepté, así que cambié mi mañana tranquila y cultural para:
a) Buscar cartones tirados en el suelo del mercado cual pordiosera indígena.
b) Montarme de nuevo en un autobús que se llamaba “El regreso de Tyson”, rodeada de diversos enseres, entre ellos mesas, sillas, huevos, canastos y una rueda de camión.
c) Andar ocho km por la selva rodeada de mosquitos. (Me hacían una aureola alrededor de la cabeza)
d) Subir un volcán en chanclas, cuyas piedras se desprendían.
e) Tirarme desde la cima y además con niebla. (Al final, no fue en un cartón y me alquilé una tabla. Tanto trabajo para nada)
Pero si tengo que decir la verdad, me lo pasé como los indios (nunca mejor dicho).
Después, una cenita, una toña, y a la cama, que me lo merezco.
Hace justo una semana que llegué a Nicaragua. ¿Echo de menos España? Aún no. Sin embargo, me acuerdo mucho de mi sobrino. Supongo que es por que en los últimos meses me ha hecho mucha compañía, pero también porque lo comparo continuamente con los niños de la escuela, y pienso, que si no hubiera nacido dónde lo ha hecho, podría ser él el que ahora me estuviera preguntando si sé porque les cortaron el agua otra vez. No quiero implicarme, pero es difícil, y aunque vine aquí más por mí que por los demás (la verdad, nunca he sido una persona muy concienciada), me voy sintiendo atrapada y no puedo evitar ser feliz cuando ves que el chavalín que ayer no distinguía las vocales, hoy las encuentra en una sopa de letras. No te preocupes, no me voy a meter a monja, ni voy a renunciar a los privilegios que tengo para irme a vivir como un asceta, de hecho, cuando llega la noche, y sales a la calle, mis preocupaciones son las mismas de siempre: Dónde ir a tomarme una cerveza y a cuánto está el “pollo con alambre”. Por si queréis la información, a ocho euros.
29-07-2011
Vuelvo a poner en juego mi vida montándome en autobús. Voy camino de León, la tercera ciudad más importante de Nicaragua. Al llegar, estamos lejos del centro, así que nos montan en una camioneta. ¿Has visto alguna vez cuando en las pelis americanas recogen a los refugiados por la carretera? Pues igual. El mismo tipo de vehículo y casi la misma gente.Después de buscar hostal (olvidate de lo que imaginas por hostal, pero es que no se me ocurre otra palabra), paseamos por la ciudad y…Oh! Sorpresa! La fiesta me persigue. Declaran patrimonio de la humanidad la catedral de León ese mismo día, y para celebrarlo, los nicas han montado un festival de cojones. La plaza de la ciudad, está a reventar y junto a la catedral, han puesto un escenario para una actuación popular.
No sé si me apetece ver folclore nicaraguense, pero ya que estoy aquí, me quedo. Y menos mal. La catedral como fondo, la música, los bailarines…Todo se te va metiendo dentro como el propio país y para mi asombro, me descubro con los pelos de punta y gritando olé.
Me va gustando el azul clarito de su cielo, el olor de las calles tras la lluvia, y las manos siempre sucias de sus niños.
30-07-2011
Sigo con insomnio, y mientras todos duermen, me paseo por la ciudad de León.
Como soy una tía suertuda, me topo con una cafetería italiana, en la que además de encontrar un capuchino y pan de verdad, no se escucha ni reggaeton, ni cumbia, ni bachata, sino jazz. Me falta muy poquito para hacerle la “ola” a la camarera, y tras mi feliz desayuno, regreso al hostal. Me espera Laura. Los demás se han ido a desayunar.Me preparo para ir al museo de la revolución sandinista, cuando Laura me dice “¿Con esa ropa?” (Me pregunto que de malo tendrá el vestido que me regaló el Berni para mi cumpleaños) “Es que vamos a la selva”. ¿Qué vamos dónde? “A Cerro Negro”.
O sea, el plan del sábado es ir a otro volcán. Me niego. Eso ya lo hice la semana pasada, y la experiencia, fue bonita, pero va a ser única e irrepetible en todos los sentidos. “Pero tonta, este es mucho mejor” ¿Por qué? “Porque el volcán está activo y nos vamos a tirar con un cartón desde la cima” (AHHHHH. Recuerdame que me junte con otra gente).
Pese a lo poco sugerente de la propuesta, acepté, así que cambié mi mañana tranquila y cultural para:
a) Buscar cartones tirados en el suelo del mercado cual pordiosera indígena.
b) Montarme de nuevo en un autobús que se llamaba “El regreso de Tyson”, rodeada de diversos enseres, entre ellos mesas, sillas, huevos, canastos y una rueda de camión.
c) Andar ocho km por la selva rodeada de mosquitos. (Me hacían una aureola alrededor de la cabeza)
d) Subir un volcán en chanclas, cuyas piedras se desprendían.
e) Tirarme desde la cima y además con niebla. (Al final, no fue en un cartón y me alquilé una tabla. Tanto trabajo para nada)
Pero si tengo que decir la verdad, me lo pasé como los indios (nunca mejor dicho).
Después, una cenita, una toña, y a la cama, que me lo merezco.
El conciertazo
Sentada en la puerta de “La Esperanza de Granada”, espero a Gaizka, Pablo y Clement. Son los tres voluntarios que estan en mi escuela y que hacen lo mismo que yo, es decir, pasar fatigas con mucha ilusión.
Empiezo a divagar sobre las cosas que han hecho que un 27 de Julio de 2011 esté sentada en el culo del mundo, hasta que un americano para su moto junto a mí y me pregunta en inglés que si me lleva a algún sitio. Le respondo educadamente, pero me insiste. “Soy un bien chico”. Quizás seas bueno, pero lo de chico, tendríamos que discutirlo, por que los 60 no los cumples más.
Llegaron. ¿Bus o andando? Andando, por favor, (así aumento mi esperanza de vida considerablemente, ya sabes, el autobús no es seguro).
El tiempo de clase transcurre sin alteraciones, o sea, sigo con el abecedario. Después miro el cuadrante a ver lo que me toca el jueves: ARTE. Me cago en la puta. Si yo no se dibujar ni una casita. Me preocupa. Le pregunto a mis compañeros que puedo hacer, y las ideas les surgen a puñados. (Ahora sólo hace falta que me enseñen ellos a mi).
Por la noche hay plan: Un espectáculo de Carlos Megia Godoy. “¿Y ese quien es?. La gente, me mira asombrada ante mi incultura, pero me juego lo que quieras a que tú tampoco lo sabes (No sé si tú Andrés si, que para esas cosas eres como el Google). Resulta que el hombre es toda una institución en Nicaragua. Me imagino al Carlos Megias rollo cantautor Silvio Rodríguez o Luis Eduardo Aute, pero más bien se parecía a Chiquito de la Calzada. Entre canción y canción, nos sorprendia con chistes (no puedo decir que buenos, pero me descojonaba). Lo mejor vino cuando empezó con la canción “Son tus perfúmenes mujer, que me sublibellan”. Hostias, si me la sé. En ese momento todos los españoles nos levantamos y empezamos a bailar cantándola. Dalí y el surrealismo se quedan a la altura de una zapatilla comparándolo con lo que veían mis ojos y escuchaban mis oidos.
Pero si yo flipé, el cantante mucho más y después de la canción interrumpió el concierto para preguntarnos que de dónde eran “esos chelitos”, o sea, esos blanquitos.
Después de la actuación, lo perseguimos cual psicópatas hasta que al fin se hizo una foto con nosotros. La gente está como una cabra.
De regreso a casa, nos paramos en la calle principal para bebernos unas toñas. Yo la cambio por tequila, para no perder la costumbre española.
Empiezo a divagar sobre las cosas que han hecho que un 27 de Julio de 2011 esté sentada en el culo del mundo, hasta que un americano para su moto junto a mí y me pregunta en inglés que si me lleva a algún sitio. Le respondo educadamente, pero me insiste. “Soy un bien chico”. Quizás seas bueno, pero lo de chico, tendríamos que discutirlo, por que los 60 no los cumples más.
Llegaron. ¿Bus o andando? Andando, por favor, (así aumento mi esperanza de vida considerablemente, ya sabes, el autobús no es seguro).
El tiempo de clase transcurre sin alteraciones, o sea, sigo con el abecedario. Después miro el cuadrante a ver lo que me toca el jueves: ARTE. Me cago en la puta. Si yo no se dibujar ni una casita. Me preocupa. Le pregunto a mis compañeros que puedo hacer, y las ideas les surgen a puñados. (Ahora sólo hace falta que me enseñen ellos a mi).
Por la noche hay plan: Un espectáculo de Carlos Megia Godoy. “¿Y ese quien es?. La gente, me mira asombrada ante mi incultura, pero me juego lo que quieras a que tú tampoco lo sabes (No sé si tú Andrés si, que para esas cosas eres como el Google). Resulta que el hombre es toda una institución en Nicaragua. Me imagino al Carlos Megias rollo cantautor Silvio Rodríguez o Luis Eduardo Aute, pero más bien se parecía a Chiquito de la Calzada. Entre canción y canción, nos sorprendia con chistes (no puedo decir que buenos, pero me descojonaba). Lo mejor vino cuando empezó con la canción “Son tus perfúmenes mujer, que me sublibellan”. Hostias, si me la sé. En ese momento todos los españoles nos levantamos y empezamos a bailar cantándola. Dalí y el surrealismo se quedan a la altura de una zapatilla comparándolo con lo que veían mis ojos y escuchaban mis oidos.
Pero si yo flipé, el cantante mucho más y después de la canción interrumpió el concierto para preguntarnos que de dónde eran “esos chelitos”, o sea, esos blanquitos.
Después de la actuación, lo perseguimos cual psicópatas hasta que al fin se hizo una foto con nosotros. La gente está como una cabra.
De regreso a casa, nos paramos en la calle principal para bebernos unas toñas. Yo la cambio por tequila, para no perder la costumbre española.
Un caramelo de fresa

No me acostumbro a que amanezca tan pronto y a las seis empiezo a dar vueltas por la casa. Recojo un poco (me recuerda a las fiestas que hacíamos en los pisos de estudiantes) y me preparo para una nueva experiencia: Un colegio de Nicaragua. Me gustaría decir que ha sido divertido, pero mentiría. El nudo del estómago no se me quitaba excepto para trasladarse a la garganta, y en más de una ocasión he tenido que hacer esfuerzos para contener las lágrimas. La escuela, má que un colegio, parecía una caballeriza dónde se recogen a los mulos que ya no quiere nadie. Pero aquí no hay caballos, sino trescientos chiquillos que te observan a cada paso que das con el brillo de la curiosidad reflejado en las pupilas. Cuando acabo el recreo, a los niños me los tengo que quitar del cuello y las niñas me tocan el pelo llamandome gringa. Pese que muchos tienen ya ocho o nueve años, la gran mayoria no sabe ni formar sílabas, y tengo que empezar desde el abecedario. Menos mal que darles formación a los funcionarios ne ha hecho tener paciencia, así que gracias a ellos, esto es pan comido...Hablando de pan, eso es lo que hace falta en esta escuela. La indignación casi me ahoga cuando he visto que a algunos niños no les daban de comer. El motivo: No tenían plato. Resumo: A las 12 se hace una parada para el almuerzo (arroz y frijoles todos los días pero por lo menos es comida). Cuando han empezado, he visto que muchos miraban a los compañeros comer y que ellos no lo hacían. Es cuando pregunto "¿Y tú, porqué no comes?". Es que me olvidé el plato". Me voy hacia una maestra, pensando que la niña se está inventado una escusa, pero la muy huevazas me responde lo mismo que la chiquilla. Si un crío se olvida el plato (y en el colegio hay niños de preescolar), lo dejan sin comer. A nadie se le ha ocurrido la feliz idea de comprar platos de plástico para que no tengan que pasar hambre. Puede que no creas lo que digo, pero es una práctica habitual en las escuelas de Nicaragua. ¿Entiendes lo del nudo en la garganta?Una fiesta de despedida
Buscando cera para depilarme las piernas y otras partes del cuerpo me he pateado la ciudad de Granada. Llamadme superficial, pero es que me puedo hacer tranzas (y no me refiero a la cabeza) y además es probable que Chita y Tarzán puedan utilizar los pelos de las axilas como lianas para colgarse.
De todas formas, en busca de una solución para estos problemas existenciales, he descubierto otra parte de la ciudad aún desconocida: La RICA. En España existen barrios normales y alguno marginal. Aquí existen barrios marginales y alguno normal. Pues ahí he dado a parar. ¿Cómo lo sé? He encontrado lo que aquí equivaldría al hipercor del Corte Inglés de Marbella, (salvando las diferencias, que no son pocas). También hay una tienda de informática y al lado, casas con jardín. Pensarás que me estoy volviendo imbécil, pero es que tendrías que ver Nicaragua para darte cuenta que encontrar una casa con jardín es como encontrarte un marciano en el Bar La Torre de Torredonjimeno.
Volviendo al interesante tema de la cera para depilarse: Me ha costado 400 córdobas, es decir, la comida y la cena de cuatro días en Nicaragua. Y que conste que esta vez no exagero ni un pelín. (Si lo llego a saber me quito los pelos a bocados…aquí si hago uso del hipérbaton. Creo que es la primera vez que uso esta palabra. Culta que es una).
El día tampoco ha dado mucho de sí, sólo nos han explicado a que escuela vamos y lo que tenemos que hacer allí. Después fiesta de despedida en casa. Parecía una reunión de la ONU. Gente de todas las nacionalidades y de todas las edades, aunque sobre todo jóvenes, y cuando digo jóvenes, no quiero decir jóvenes como nosotros (este no es tu caso Magren), sino chavales de veinte a veinticinco años.
Me aburro un poco y me voy a la cama que mañana es mi primer día de trabajo y aún no sé lo que me espera.
De todas formas, en busca de una solución para estos problemas existenciales, he descubierto otra parte de la ciudad aún desconocida: La RICA. En España existen barrios normales y alguno marginal. Aquí existen barrios marginales y alguno normal. Pues ahí he dado a parar. ¿Cómo lo sé? He encontrado lo que aquí equivaldría al hipercor del Corte Inglés de Marbella, (salvando las diferencias, que no son pocas). También hay una tienda de informática y al lado, casas con jardín. Pensarás que me estoy volviendo imbécil, pero es que tendrías que ver Nicaragua para darte cuenta que encontrar una casa con jardín es como encontrarte un marciano en el Bar La Torre de Torredonjimeno.
Volviendo al interesante tema de la cera para depilarse: Me ha costado 400 córdobas, es decir, la comida y la cena de cuatro días en Nicaragua. Y que conste que esta vez no exagero ni un pelín. (Si lo llego a saber me quito los pelos a bocados…aquí si hago uso del hipérbaton. Creo que es la primera vez que uso esta palabra. Culta que es una).
El día tampoco ha dado mucho de sí, sólo nos han explicado a que escuela vamos y lo que tenemos que hacer allí. Después fiesta de despedida en casa. Parecía una reunión de la ONU. Gente de todas las nacionalidades y de todas las edades, aunque sobre todo jóvenes, y cuando digo jóvenes, no quiero decir jóvenes como nosotros (este no es tu caso Magren), sino chavales de veinte a veinticinco años.
Me aburro un poco y me voy a la cama que mañana es mi primer día de trabajo y aún no sé lo que me espera.
¿Me baño con vestido?
Como si me faltara tiempo, en vez de quedarme en casa y darle tregua a mis agujetas, me he ido a la Laguna del Apoyo. ¿Hay que andar? Pregunto asustada. No, tranquila, se puede llegar en autobús. Esto es una verdad a medias, y los 3 km desde la parada del autobús hasta que puedes meter el dedo gordo del pie en el agua, no te los quita nadie.
La laguna es lo que su nombre indica…en andaluz, un pantano (pero este no lo hizo Franco, sino la actividad del volcán Apoyo) Aquí no encontrarás ningún turista, sólo nicaragüenses pasando el domingo y sorpresa: Se bañan con ropa. ¿A que flipas? Pues yo más. La cosa está aquí como para hacer top-less. Ante tanto pudor, no se si quitarme el vestido (quien me lo iba a decir a mi, que hasta el cartero del barrio me ha visto en pelotas) pero al final me decido. Vestido fuera y al agua patos. El agua está templadita (igual que la de la ducha de casa) y la mayoria de la gente no se aparta de la orilla. El motivo: Pocos nicas saben nadar, pero no imaginas lo que da de si el ingenio: Un flotador hecho con botellas de plástico atadas con una cuerda. Uno cree que lo ha visto todo, pero en esos momentos te das cuenta que eres un ignorante en todos los sentidos, y que gracias a Dios, aún me quedan muchas cosas por saber (o eso espero).
En la Laguna, paso el rato observando a una familia. Ella es mucho más joven que yo y sin embargo, tiene seis hijos y otro en camino. El marido la abraza dentro del agua y mi Angel bueno piensa: “jo!, como se quieren”, sin embargo, mi demonio personal, ese que algunos conoceis tan bien, dice: “Y estos dos no se hartan, la virgen que coñazo”. En fin, hay poco que hacer en el lago y me sale la vena Maruja (no me critiqueis).
Después vuelvo a casa: La verdadera aventura en este país es montarte en autobús. Si llego a España viva será purito milagro (ni malaria, ni hepatitis, ni enfermedades infecciosas. Va a ser piñazo en autobús)
Cuando abro la puerta de casa, parece que acabo de entrar en el Camp-nou un día de partido Barcelona-Real Madrid. ¡Madre de Dios! ¡Cuanta gente! Menos mal que he cenado fuera que si no me tengo que dar de hostias para pillar un sitio en la mesa.
La conversación gira sobre temas triviales y no pongo mucho atención hasta que le preguntan a Ana sobre “sus chicos”. Ana, trabaja en un centro de “Proyecto Hombre” en Madrid. La pregunta fue: “¿Qué le podemos enseñar a tus chicos? Nos encantaría ir a cenar con ellos” La cara de Ana era un poema y la mía tenía que ser toda la antología de Gustavo Adolfo Bécker, pero cuando escucho “Ah, ya sé, le podemos ensañar a jugar al paddel”, casi me da un infarto. ¿Qué creerán que es un yonky? ¿Un tamagochi?
Me tengo que morder la lengua. Decido irme a la cama antes de que empiece a salirme la sangre por la boca.
El Mombacho
ocho y media de la mañana y llega Milton a la casa “libertad”. Milton es un chico nicaraguense de unos 22 años, y hoy, va a hacer el papel de guia para unos locos que pretendemos llegar al Mombacho andando. Para un fondista la caminata sería agotadora, así que imaginate para mi, que el unico deporte que he practicado en la vida es el levantamiento de vaso en barra fija. La palabra “reventada” ha adquirido un nuevo significado, mucho más literal que metafórico. Lo juro.Sin embargo, mentiría si dijera que no ha merecido la pena. Esta es una tierra donde los volcanes forman parte del paisaje natural y para un nativo, quizás no signifique nada, pero para mí ha sido igual que si hubiera visto un bosque en el cielo.
El crater era un amasijo de árboles al que se llegaba a través de un pasillo vivo de vegetación, piedra y musgo, donde no sabes muy bien si de pronto va a aparecer Gandalf, el de “El señor de los anillos” o uno de “Los Otros” de la Isla de Perdidos. Increible.
Pero ocho horas de caminata dan mucho de que hablar y a mi, que siempre me ha gustado saber el porqué de las cosas, no he resistido la tentación de preguntar y preguntar en Centroamérica puede ser un poco comprometido. Es entonces cuando descubres que en un régimen socialista, las universidades son privadas, al médico sólo va quien puede pagarlo, que la educación y el trabajo sólo lo reciben quien tiene el carné del partido y que el que representa al regimen de la “Liberación Sandinista” no deja de ser otro hijo de puta más.
Supongo que los auténticos sandinistas, los que lucharon contra la dictadura de Somoza y murieron defendiendo los principios de igualdad para todos, se revolverán en la tumba. Pero sólo supongo, porque a veces, no hay más ciego que el que no quiere ver y aquí más de uno está peor que la “Topacio”.
Por el bien de mis piernas, hemos llegado a Granada y por el bien de mi estómago, hemos comido. Mi segunda experiencia con la comida nica: Tostones de pollo y queso y POR FIN, una cerveza: La Toña. No está mala, pero dónde se ponga un quinto de mahou…pero vamos, me ha sabido a gloria.
Cuando llego a casa, algunos aún quieren salir ¿De qué estará hecha esta gente?. Yo casi no puedo pestañear. Lo siento. A mí me espera una ducha de agua templada (aquí no hay agua caliente, pero fría tampoco sale) y un ratito de compañía con Agatha Cristhie.
Hasta mañana.
El crater era un amasijo de árboles al que se llegaba a través de un pasillo vivo de vegetación, piedra y musgo, donde no sabes muy bien si de pronto va a aparecer Gandalf, el de “El señor de los anillos” o uno de “Los Otros” de la Isla de Perdidos. Increible.
Pero ocho horas de caminata dan mucho de que hablar y a mi, que siempre me ha gustado saber el porqué de las cosas, no he resistido la tentación de preguntar y preguntar en Centroamérica puede ser un poco comprometido. Es entonces cuando descubres que en un régimen socialista, las universidades son privadas, al médico sólo va quien puede pagarlo, que la educación y el trabajo sólo lo reciben quien tiene el carné del partido y que el que representa al regimen de la “Liberación Sandinista” no deja de ser otro hijo de puta más.
Supongo que los auténticos sandinistas, los que lucharon contra la dictadura de Somoza y murieron defendiendo los principios de igualdad para todos, se revolverán en la tumba. Pero sólo supongo, porque a veces, no hay más ciego que el que no quiere ver y aquí más de uno está peor que la “Topacio”.
Por el bien de mis piernas, hemos llegado a Granada y por el bien de mi estómago, hemos comido. Mi segunda experiencia con la comida nica: Tostones de pollo y queso y POR FIN, una cerveza: La Toña. No está mala, pero dónde se ponga un quinto de mahou…pero vamos, me ha sabido a gloria.
Cuando llego a casa, algunos aún quieren salir ¿De qué estará hecha esta gente?. Yo casi no puedo pestañear. Lo siento. A mí me espera una ducha de agua templada (aquí no hay agua caliente, pero fría tampoco sale) y un ratito de compañía con Agatha Cristhie.
Hasta mañana.
domingo, 4 de septiembre de 2011
Cuervos en el patio
Abro los ojos y curiosamente si sé donde estoy. Salgo de la habitación y el patio está lleno de cuervos (además de los ratones, salamanquesas y cucarachas, estos otros también habitan la casa).
Aún no se en que escuela voy a dar clase, así que voy a hablar con la presidenta de la ONG. Empiezas el lunes, no te preocupes. No me preocupo. Me voy. ¿Otros Planes? Parece ser que ir a Masaya. ¿A qué hora? Cuando se llene el autobús.
Si el aeropuerto tenía tela, imagínate la estación. Se podría decir que en la estación hay tirados como en todas las estaciones de España, pero define aquí “tirado”, el concepto da mucho de sí. Drogas: El crak y el pegamento. Tendré que buscar alguna típica del país…Solo para probar, ya sabes.
Cambiando de tema, Masaya está a unos 30 minutos aproximadamente y no podría decirte si es una ciudad. Según los nica, si. Según un español son chabolas a los lados de una carretera. Todo es tan extraño…
El propósito de la visita es ir a un mercado de artesanía, pero ojo, no podemos ir al turístico , sino al autóctono, al que va la gente de aquí. Es entonces cuando me hago tres preguntas: ¿Hay turistas en Masaya? Y si los hay, ¿Qué coño van a visitar? Y la tercera ¿Para que quieren los nicas comprar artesanía? Sigo sin entender un carajo, pero realmente el mercado merece la pena: Juguetes antiguos: yo-yos, peonzas, tirachinas, pilas de lavar de madera, como las que usaban nuestras abuelas, abanicos…Es un viaje al pasado y se despierta la fiebre consumista, mucho mas por el deseo de recordar que por el deseo de tener.
En el mercado tengo mi primera experiencia con la comida Nicaraguense. Está buena. A todo le ponen arroz y frijoles y el pescado no lo ves ni en pintura, pero la carne la cocinan bien. Comí “desmenuzado”, o sea, carne de ternera hecha tiritas y acompañado de un vaso de agua calentito, ya que la botella no la meten en la nevera (no tienen y si la tuvieran no les iba a funcionar porque no hay luz) y cualquiera se arriesga a que le echen cubitos (no se de donde los sacan, la verdad, tendré que preguntar). Cerveza no había, y que conste que la pedí como primera opción.
Además de la primera experiencia con la comida, también tuve mi primera experiencia con la miseria nicaraguense, que es la misma que la miseria española, es decir, cuando un hombre de unos cuarenta años te pide comida y se sienta a tu lado para que le des las sobras. Así es el puto mundo y eso no la van a cambiar todas las ONGs de la tierra.
Cuando salimos del mercado, no llueve, jarrea. Para poder llegar al autobús nos pedimos un taxi, nos montamos las seis que vamos y el taxista, pero eso aquí no es problema y con 10 córdobas cada una, o sea, treinta centimos de euro por persona, el conductor nos lleva donde le pidamos. “Mejor nos deja en la parada del bus que no termino de ir del todo cómoda”.
De vuelta a casa nos subimos al autobús repleto de boys scouts (sólo que el uniforme aquí es azul), y todos juntitos, rollo conservas Ortiz, regresamos a Granada.
Así termina mi segundo día en Centroamérica.
La primera hostia que te da Nicaragua
Otro aeropuerto más pero solo lo sabes porque el avión ha aterrizado en una especie de carretera y cuando sales del aparato pone en un cartel “Reclamo de equipajes”. Empiezan las diferencias y te planteas cambiar el chip. El tercer mundo existe fuera de tu TV.Cuando salgo de la terminal no hay nadie esperando con un cartelito que ponga “Srta Elia Mas”. Me acojono.
Tengo el numero de telefono de la persona que viene a recogerme. El problema es que yo no puedo usar el teléfono móvil. Y pienso “soy gilipoyas”. Eso del romi no lo han inventado por gusto. Existe, sirve para algo y hay que activarlo antes de salir de España. Bueno también hay cabinas en los aeropuertos. JA! Será en los de Europa. Recorres el aeropuerto buscando teléfonos “El último lo arrancaron hace un par de semanas” me dice un trabajador del aeropuerto. “Pregunte en el Cyber”. Coño, Existe el Cyber (luego me daré cuenta que lo de Internet está muy extendido, lo que no está tan extendido es lo de la luz eléctrica para poder usarlo.)
Cuando llego al Cyber me dicen que si puedo llamar, pero sólo a números nacionales y no a teléfonos móviles. “Mierda” Casi me pongo a llorar y el chico me dice entonces que pregunte en la farmacia del aeropuerto, que allí alquilan celulares.
Cambio el chip, cambio el chip. Lo normal es llamar desde la farmacia con un celular alquilado y piensas “Menos mal que hablo español, que si no, las iba a pasar putas”.
Por fin consigo hablar con Felipe “el gordo”. Se habían olvidado de que yo llegaba y ahorita mismo pasan a buscarme. Ahorita mismo son un par de horas, pero cambia el chip.
Felipe el gordo me informa durante el trayecto, pero yo sólo puedo sonreir. Verde, calor, lluvia…Estoy respirando Nicaragua en su estado más puro.
Última parada…Calle La Libertad. He tenido suerte porque también me podían haber mandado a la calle El Martirio, que es donde la ONG tiene la otra casa. Puestos a elegir, prefiero la libertad, que trae mejores augurios.
La casa es un patio enorme con habitaciones a los lados y pintada hippies en las paredes. Estoy en una casa Okupa y los perros flautas me van a rodear. Lo de la casa Okupa casi casi, lo de los perros flautas no. Aquí viven 16 tías . Comparto habitación con otras tres (dos españolas y una alemana) además de una serie de bichos pequeños llamados ratoncitos y cucarachitas. Eso es lo que dicen las malas lenguas, yo aún no los he visto, pero creo que no se lo inventan porque una ha salido de la habitación gritando que había un “maldito roedor” en su cama.
Salgo a la calle. Calor, luz, color…Me cae todo encima y casi me tengo que parar para poder seguir andando ante tanta impresión. Sin embargo también notas la pobreza como una sensación física. No se como explicarlo. Imagina que te estuvieran pellizcando el culo (no te duele mucho, pero cuando llevas un rato empieza a molestar que te pellizquen).
Vuelvo al sentido práctico…busca un supermercado ¿supermercado? Ahí mismito, en cuatro cuadras ¿Qué cojones son cuadras?. El supermercado se llama Palí y si alguna vez has pensado que el LIDE es una mierda, retraete en el acto. El mejor supermercado de una ciudad de 200.000 habitantes es un almacén de un bareto de España. (Un pelín exagerado, pero no mucho). Consigo lo que busco (no pedía demasiado).
En las calle se mezclan las carretas tiradas por burros con jeeps Toyota nuevecitos. Turistas americanos con ancianos tumbados en las aceras aburridos de inanición. Contrastes. Asimila, asimila.
Vuelvo a casa ¿Te vienes a la piscina? ¿Piscina? Si la la del hotel. De la casa okupa paso al paraiso en la tierra. Flipada de hotel colonial. Contrastes, asimila, asimila.
Demasiado para el primer día. Vuelvo a casa y a mi habitación con tendederos y bragas colgadas de ellos. Me tumbo en la cama y no me da tiempo a lee la ágina 18 del Asesinato de Lord Edware. Mañana será otro día en mi nuevo continente.
20 de Julio de 2011
Lo primero que piensas es “Joder, menos mal que se algo de ingles, que si no las iba a pasar putas” Lo segundo que piensas es “menos mal que me quedan tres horas para el proximo vuelo porque hasta que encuentre la terminal me van a dar la uvas”.
Una vez que la has encontrado y por fin te relajas, investigas alrededor: La policia, igual que en las pelis, los negros, en los peores trabajos, igual que en Londres (aunque aquí también hay una hartá de hispanos) y los ciudadanos americanos…en un aeropuerto de Nueva York, los estereotipos no son tan fuertes y aunque te encuentras al típico yanky con sombrero, puedes pensar que estás en cualquier aeropuerto del mundo.
Después Houston “Tenemos un problema”. En Houston hace un calor de pelotas, por lo menos en esta fecha, pero con lo poco que vi me quedé con las ganas de conocer Texas. Da la impresión de que la mezcal de contrastes es brutal y los sentidos absorben hasta la última gota de sensaciones…Sin embargo vuelvo al poco sentido práctico que tengo y pienso que esta noche tengo que dormir en una cama y ese es ahora mi principal problema. En información me dicen que hay unos monitores que anuncian hoteles en la zona. Flipé. Es una especie de teléfono con pantalla dónde seleccionas dónde dormir. Te dan las características del hotel y el teléfono para reservar, pero aquí viene lo mejor porque con sólo descolgar el auricular, sin necesidad de marcar te ponen en contacto con el hotel y te dicen que van a buscarte.
Entonces es cuando sales a la puerta de la terminal y el bofetón de calor y humedad te hace pensar durante unos instantes que has llegado a Málaga en un día de Terral, hasta que ves la furgoneta que viene a buscarte y entonces te das cuenta de que no puedes estar en otro sitio que en yankilandia ¿Recuerdas el tren de la muerte de la feria de los pueblos? Pues ahí te suben. La única diferencia con la susodicha atracción en este caso es que el vagón está cubierto y no te sale uno disfrazado y con una escoba (aunque te imaginas que de un momento a otro va a aparecer y ¡toma! Mochazo en la cabeza.)
El hotel es normal (Ya me imaginaba en un motel donde ocurren todos los asesinatos del CSI las Vegas) y la cama, está mucho mejor. Después de casi 20 horas dando vueltas por el mundo, no me da tiempo ni de respirar antes de quedarme dormida.
Cuando despierto no sé donde estoy, pero no me preocupa lo más mínimo. La desorientación comienza a ser normal en todos los ámbitos de mi vida. Después sonrío. Empieza un nuevo día en un nuevo continente.
Una vez que la has encontrado y por fin te relajas, investigas alrededor: La policia, igual que en las pelis, los negros, en los peores trabajos, igual que en Londres (aunque aquí también hay una hartá de hispanos) y los ciudadanos americanos…en un aeropuerto de Nueva York, los estereotipos no son tan fuertes y aunque te encuentras al típico yanky con sombrero, puedes pensar que estás en cualquier aeropuerto del mundo.
Después Houston “Tenemos un problema”. En Houston hace un calor de pelotas, por lo menos en esta fecha, pero con lo poco que vi me quedé con las ganas de conocer Texas. Da la impresión de que la mezcal de contrastes es brutal y los sentidos absorben hasta la última gota de sensaciones…Sin embargo vuelvo al poco sentido práctico que tengo y pienso que esta noche tengo que dormir en una cama y ese es ahora mi principal problema. En información me dicen que hay unos monitores que anuncian hoteles en la zona. Flipé. Es una especie de teléfono con pantalla dónde seleccionas dónde dormir. Te dan las características del hotel y el teléfono para reservar, pero aquí viene lo mejor porque con sólo descolgar el auricular, sin necesidad de marcar te ponen en contacto con el hotel y te dicen que van a buscarte.
Entonces es cuando sales a la puerta de la terminal y el bofetón de calor y humedad te hace pensar durante unos instantes que has llegado a Málaga en un día de Terral, hasta que ves la furgoneta que viene a buscarte y entonces te das cuenta de que no puedes estar en otro sitio que en yankilandia ¿Recuerdas el tren de la muerte de la feria de los pueblos? Pues ahí te suben. La única diferencia con la susodicha atracción en este caso es que el vagón está cubierto y no te sale uno disfrazado y con una escoba (aunque te imaginas que de un momento a otro va a aparecer y ¡toma! Mochazo en la cabeza.)
El hotel es normal (Ya me imaginaba en un motel donde ocurren todos los asesinatos del CSI las Vegas) y la cama, está mucho mejor. Después de casi 20 horas dando vueltas por el mundo, no me da tiempo ni de respirar antes de quedarme dormida.
Cuando despierto no sé donde estoy, pero no me preocupa lo más mínimo. La desorientación comienza a ser normal en todos los ámbitos de mi vida. Después sonrío. Empieza un nuevo día en un nuevo continente.
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