Escuela-fiesta-viaje. Es el trinomio que compone mi vida desde que llegué a este país. ¿No está mal verdad? Esta vez ha sido el cañón de Somoto en el rio Coco, el más largo de toda Centroamérica.
Salimos a las 12 de la mañana, gracias a que Rafa, con algo más de cerebro que el resto, nos impidió salir de empalmada a las cinco de la madrugada. Fuimos a despertarle con la mochila y la borrachera puesta y lo iluminamos en su cama con una linterna rollo CSI, pero ni así nos hizo caso.
Al final, decidimos dormir y salir más tarde.
El viaje, como siempre: autobús, calor, gente, y empalmes para poder llegar a la localidad de Somoto, que hace frontera con Honduras. Sin embargo, esta vez estuvo todo mucho más organizado. ¿Por qué estamos aprendiendo? NOOOO, porque nos acoplamos a otro grupo de españoles que nos encontramos en una estación. (Hotel preparado, transporte preparado, guia preparado…) Esta no soy yo, pero que bien que me ha venido y no sólo a mí, porque a Rafa, Uri, Mireia y Pablo, entran dentro del mismo saco o mejor dicho, en el mismo cajón desastre.
El objetivo de trasponer al norte, es esta vez, saltar desde un barranco de 15 metros. Si, si, ya lo sé…quien me ha visto y quien me ve. Creo que me han abducido los extraterrestres, me han metido un microchip y me han soltado en Nicaragua, porque además de tirarse desde dicha altura había que atravesar el río nadando a contracorriente. (Había tramos que nos tenían que enganchar desde una cuerda para que no nos fuéramos a Albacete) y después escalar por las piedras, que vaya tela.
Por supuesto, cuando llegué arriba, me cagué, ya que no estaba muy segura de querer morir así, pero después de que se tiraran los dos primeros, decidí que lo mejor era cerrar los ojos y saltar cuanto antes porque no era plan de seguir encaramada en la piedra rollo aguilucho.
Finalmente, y como aqui nunca es suficiente y siempre se vive como si fuera el último día de tu vida, también se salió por la noche para quemar Estelí, y algunos le pegaron fuego.
Salimos a las 12 de la mañana, gracias a que Rafa, con algo más de cerebro que el resto, nos impidió salir de empalmada a las cinco de la madrugada. Fuimos a despertarle con la mochila y la borrachera puesta y lo iluminamos en su cama con una linterna rollo CSI, pero ni así nos hizo caso.
Al final, decidimos dormir y salir más tarde.
El viaje, como siempre: autobús, calor, gente, y empalmes para poder llegar a la localidad de Somoto, que hace frontera con Honduras. Sin embargo, esta vez estuvo todo mucho más organizado. ¿Por qué estamos aprendiendo? NOOOO, porque nos acoplamos a otro grupo de españoles que nos encontramos en una estación. (Hotel preparado, transporte preparado, guia preparado…) Esta no soy yo, pero que bien que me ha venido y no sólo a mí, porque a Rafa, Uri, Mireia y Pablo, entran dentro del mismo saco o mejor dicho, en el mismo cajón desastre.
El objetivo de trasponer al norte, es esta vez, saltar desde un barranco de 15 metros. Si, si, ya lo sé…quien me ha visto y quien me ve. Creo que me han abducido los extraterrestres, me han metido un microchip y me han soltado en Nicaragua, porque además de tirarse desde dicha altura había que atravesar el río nadando a contracorriente. (Había tramos que nos tenían que enganchar desde una cuerda para que no nos fuéramos a Albacete) y después escalar por las piedras, que vaya tela.
Por supuesto, cuando llegué arriba, me cagué, ya que no estaba muy segura de querer morir así, pero después de que se tiraran los dos primeros, decidí que lo mejor era cerrar los ojos y saltar cuanto antes porque no era plan de seguir encaramada en la piedra rollo aguilucho.
Finalmente, y como aqui nunca es suficiente y siempre se vive como si fuera el último día de tu vida, también se salió por la noche para quemar Estelí, y algunos le pegaron fuego.
No hay comentarios:
Publicar un comentario