lunes, 5 de septiembre de 2011

Un caramelo de fresa

No me acostumbro a que amanezca tan pronto y a las seis empiezo a dar vueltas por la casa. Recojo un poco (me recuerda a las fiestas que hacíamos en los pisos de estudiantes) y me preparo para una nueva experiencia: Un colegio de Nicaragua. Me gustaría decir que ha sido divertido, pero mentiría. El nudo del estómago no se me quitaba excepto para trasladarse a la garganta, y en más de una ocasión he tenido que hacer esfuerzos para contener las lágrimas. La escuela, má que un colegio, parecía una caballeriza dónde se recogen a los mulos que ya no quiere nadie. Pero aquí no hay caballos, sino trescientos chiquillos que te observan a cada paso que das con el brillo de la curiosidad reflejado en las pupilas. Cuando acabo el recreo, a los niños me los tengo que quitar del cuello y las niñas me tocan el pelo llamandome gringa. Pese que muchos tienen ya ocho o nueve años, la gran mayoria no sabe ni formar sílabas, y tengo que empezar desde el abecedario. Menos mal que darles formación a los funcionarios ne ha hecho tener paciencia, así que gracias a ellos, esto es pan comido...Hablando de pan, eso es lo que hace falta en esta escuela. La indignación casi me ahoga cuando he visto que a algunos niños no les daban de comer. El motivo: No tenían plato. Resumo: A las 12 se hace una parada para el almuerzo (arroz y frijoles todos los días pero por lo menos es comida). Cuando han empezado, he visto que muchos miraban a los compañeros comer y que ellos no lo hacían. Es cuando pregunto "¿Y tú, porqué no comes?". Es que me olvidé el plato". Me voy hacia una maestra, pensando que la niña se está inventado una escusa, pero la muy huevazas me responde lo mismo que la chiquilla. Si un crío se olvida el plato (y en el colegio hay niños de preescolar), lo dejan sin comer. A nadie se le ha ocurrido la feliz idea de comprar platos de plástico para que no tengan que pasar hambre. Puede que no creas lo que digo, pero es una práctica habitual en las escuelas de Nicaragua. ¿Entiendes lo del nudo en la garganta?
Es la hora de descanso hasta que empieza el turno de tarde. Me tumbo en un banco para que la olla express que tengo por cabeza se relaje un poco antes de reventar, pero hay un morenito descalzo que me tiene loca y empiezo a hablar con él. Después de que me enseña a jugar a las "chibolas", o sea, las canicas de toda la vida, me regala un caramelo de fresa. El único que tenía. Ahí no lo puedo remediar y se me saltan las lágrimas. No tienen nada, pero lo que hay, es siempre primero para tí. Camino de casa, me paro en el PALI (ese magnífico supermercado -almacén de bareto cutre) y compro los platos de plástico. Mañana, tampoco sabrán leer, pero por lo menos no van a quedarse sin comer.

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