Abro los ojos y curiosamente si sé donde estoy. Salgo de la habitación y el patio está lleno de cuervos (además de los ratones, salamanquesas y cucarachas, estos otros también habitan la casa).
Aún no se en que escuela voy a dar clase, así que voy a hablar con la presidenta de la ONG. Empiezas el lunes, no te preocupes. No me preocupo. Me voy. ¿Otros Planes? Parece ser que ir a Masaya. ¿A qué hora? Cuando se llene el autobús.
Si el aeropuerto tenía tela, imagínate la estación. Se podría decir que en la estación hay tirados como en todas las estaciones de España, pero define aquí “tirado”, el concepto da mucho de sí. Drogas: El crak y el pegamento. Tendré que buscar alguna típica del país…Solo para probar, ya sabes.
Cambiando de tema, Masaya está a unos 30 minutos aproximadamente y no podría decirte si es una ciudad. Según los nica, si. Según un español son chabolas a los lados de una carretera. Todo es tan extraño…
El propósito de la visita es ir a un mercado de artesanía, pero ojo, no podemos ir al turístico , sino al autóctono, al que va la gente de aquí. Es entonces cuando me hago tres preguntas: ¿Hay turistas en Masaya? Y si los hay, ¿Qué coño van a visitar? Y la tercera ¿Para que quieren los nicas comprar artesanía? Sigo sin entender un carajo, pero realmente el mercado merece la pena: Juguetes antiguos: yo-yos, peonzas, tirachinas, pilas de lavar de madera, como las que usaban nuestras abuelas, abanicos…Es un viaje al pasado y se despierta la fiebre consumista, mucho mas por el deseo de recordar que por el deseo de tener.
En el mercado tengo mi primera experiencia con la comida Nicaraguense. Está buena. A todo le ponen arroz y frijoles y el pescado no lo ves ni en pintura, pero la carne la cocinan bien. Comí “desmenuzado”, o sea, carne de ternera hecha tiritas y acompañado de un vaso de agua calentito, ya que la botella no la meten en la nevera (no tienen y si la tuvieran no les iba a funcionar porque no hay luz) y cualquiera se arriesga a que le echen cubitos (no se de donde los sacan, la verdad, tendré que preguntar). Cerveza no había, y que conste que la pedí como primera opción.
Además de la primera experiencia con la comida, también tuve mi primera experiencia con la miseria nicaraguense, que es la misma que la miseria española, es decir, cuando un hombre de unos cuarenta años te pide comida y se sienta a tu lado para que le des las sobras. Así es el puto mundo y eso no la van a cambiar todas las ONGs de la tierra.
Cuando salimos del mercado, no llueve, jarrea. Para poder llegar al autobús nos pedimos un taxi, nos montamos las seis que vamos y el taxista, pero eso aquí no es problema y con 10 córdobas cada una, o sea, treinta centimos de euro por persona, el conductor nos lleva donde le pidamos. “Mejor nos deja en la parada del bus que no termino de ir del todo cómoda”.
De vuelta a casa nos subimos al autobús repleto de boys scouts (sólo que el uniforme aquí es azul), y todos juntitos, rollo conservas Ortiz, regresamos a Granada.
Así termina mi segundo día en Centroamérica.
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