Otro aeropuerto más pero solo lo sabes porque el avión ha aterrizado en una especie de carretera y cuando sales del aparato pone en un cartel “Reclamo de equipajes”. Empiezan las diferencias y te planteas cambiar el chip. El tercer mundo existe fuera de tu TV.Cuando salgo de la terminal no hay nadie esperando con un cartelito que ponga “Srta Elia Mas”. Me acojono.
Tengo el numero de telefono de la persona que viene a recogerme. El problema es que yo no puedo usar el teléfono móvil. Y pienso “soy gilipoyas”. Eso del romi no lo han inventado por gusto. Existe, sirve para algo y hay que activarlo antes de salir de España. Bueno también hay cabinas en los aeropuertos. JA! Será en los de Europa. Recorres el aeropuerto buscando teléfonos “El último lo arrancaron hace un par de semanas” me dice un trabajador del aeropuerto. “Pregunte en el Cyber”. Coño, Existe el Cyber (luego me daré cuenta que lo de Internet está muy extendido, lo que no está tan extendido es lo de la luz eléctrica para poder usarlo.)
Cuando llego al Cyber me dicen que si puedo llamar, pero sólo a números nacionales y no a teléfonos móviles. “Mierda” Casi me pongo a llorar y el chico me dice entonces que pregunte en la farmacia del aeropuerto, que allí alquilan celulares.
Cambio el chip, cambio el chip. Lo normal es llamar desde la farmacia con un celular alquilado y piensas “Menos mal que hablo español, que si no, las iba a pasar putas”.
Por fin consigo hablar con Felipe “el gordo”. Se habían olvidado de que yo llegaba y ahorita mismo pasan a buscarme. Ahorita mismo son un par de horas, pero cambia el chip.
Felipe el gordo me informa durante el trayecto, pero yo sólo puedo sonreir. Verde, calor, lluvia…Estoy respirando Nicaragua en su estado más puro.
Última parada…Calle La Libertad. He tenido suerte porque también me podían haber mandado a la calle El Martirio, que es donde la ONG tiene la otra casa. Puestos a elegir, prefiero la libertad, que trae mejores augurios.
La casa es un patio enorme con habitaciones a los lados y pintada hippies en las paredes. Estoy en una casa Okupa y los perros flautas me van a rodear. Lo de la casa Okupa casi casi, lo de los perros flautas no. Aquí viven 16 tías . Comparto habitación con otras tres (dos españolas y una alemana) además de una serie de bichos pequeños llamados ratoncitos y cucarachitas. Eso es lo que dicen las malas lenguas, yo aún no los he visto, pero creo que no se lo inventan porque una ha salido de la habitación gritando que había un “maldito roedor” en su cama.
Salgo a la calle. Calor, luz, color…Me cae todo encima y casi me tengo que parar para poder seguir andando ante tanta impresión. Sin embargo también notas la pobreza como una sensación física. No se como explicarlo. Imagina que te estuvieran pellizcando el culo (no te duele mucho, pero cuando llevas un rato empieza a molestar que te pellizquen).
Vuelvo al sentido práctico…busca un supermercado ¿supermercado? Ahí mismito, en cuatro cuadras ¿Qué cojones son cuadras?. El supermercado se llama Palí y si alguna vez has pensado que el LIDE es una mierda, retraete en el acto. El mejor supermercado de una ciudad de 200.000 habitantes es un almacén de un bareto de España. (Un pelín exagerado, pero no mucho). Consigo lo que busco (no pedía demasiado).
En las calle se mezclan las carretas tiradas por burros con jeeps Toyota nuevecitos. Turistas americanos con ancianos tumbados en las aceras aburridos de inanición. Contrastes. Asimila, asimila.
Vuelvo a casa ¿Te vienes a la piscina? ¿Piscina? Si la la del hotel. De la casa okupa paso al paraiso en la tierra. Flipada de hotel colonial. Contrastes, asimila, asimila.
Demasiado para el primer día. Vuelvo a casa y a mi habitación con tendederos y bragas colgadas de ellos. Me tumbo en la cama y no me da tiempo a lee la ágina 18 del Asesinato de Lord Edware. Mañana será otro día en mi nuevo continente.
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