28-07-2011
Después de buscar hostal (olvidate de lo que imaginas por hostal, pero es que no se me ocurre otra palabra), paseamos por la ciudad y…Oh! Sorpresa! La fiesta me persigue. Declaran patrimonio de la humanidad la catedral de León ese mismo día, y para celebrarlo, los nicas han montado un festival de cojones. La plaza de la ciudad, está a reventar y junto a la catedral, han puesto un escenario para una actuación popular.
No sé si me apetece ver folclore nicaraguense, pero ya que estoy aquí, me quedo. Y menos mal. La catedral como fondo, la música, los bailarines…Todo se te va metiendo dentro como el propio país y para mi asombro, me descubro con los pelos de punta y gritando olé.
Me va gustando el azul clarito de su cielo, el olor de las calles tras la lluvia, y las manos siempre sucias de sus niños.
30-07-2011
Me preparo para ir al museo de la revolución sandinista, cuando Laura me dice “¿Con esa ropa?” (Me pregunto que de malo tendrá el vestido que me regaló el Berni para mi cumpleaños) “Es que vamos a la selva”. ¿Qué vamos dónde? “A Cerro Negro”.
O sea, el plan del sábado es ir a otro volcán. Me niego. Eso ya lo hice la semana pasada, y la experiencia, fue bonita, pero va a ser única e irrepetible en todos los sentidos. “Pero tonta, este es mucho mejor” ¿Por qué? “Porque el volcán está activo y nos vamos a tirar con un cartón desde la cima” (AHHHHH. Recuerdame que me junte con otra gente).
Pese a lo poco sugerente de la propuesta, acepté, así que cambié mi mañana tranquila y cultural para:
a) Buscar cartones tirados en el suelo del mercado cual pordiosera indígena.
b) Montarme de nuevo en un autobús que se llamaba “El regreso de Tyson”, rodeada de diversos enseres, entre ellos mesas, sillas, huevos, canastos y una rueda de camión.
c) Andar ocho km por la selva rodeada de mosquitos. (Me hacían una aureola alrededor de la cabeza)
d) Subir un volcán en chanclas, cuyas piedras se desprendían.
e) Tirarme desde la cima y además con niebla. (Al final, no fue en un cartón y me alquilé una tabla. Tanto trabajo para nada)
Pero si tengo que decir la verdad, me lo pasé como los indios (nunca mejor dicho).
Después, una cenita, una toña, y a la cama, que me lo merezco.
Hace justo una semana que llegué a Nicaragua. ¿Echo de menos España? Aún no. Sin embargo, me acuerdo mucho de mi sobrino. Supongo que es por que en los últimos meses me ha hecho mucha compañía, pero también porque lo comparo continuamente con los niños de la escuela, y pienso, que si no hubiera nacido dónde lo ha hecho, podría ser él el que ahora me estuviera preguntando si sé porque les cortaron el agua otra vez. No quiero implicarme, pero es difícil, y aunque vine aquí más por mí que por los demás (la verdad, nunca he sido una persona muy concienciada), me voy sintiendo atrapada y no puedo evitar ser feliz cuando ves que el chavalín que ayer no distinguía las vocales, hoy las encuentra en una sopa de letras. No te preocupes, no me voy a meter a monja, ni voy a renunciar a los privilegios que tengo para irme a vivir como un asceta, de hecho, cuando llega la noche, y sales a la calle, mis preocupaciones son las mismas de siempre: Dónde ir a tomarme una cerveza y a cuánto está el “pollo con alambre”. Por si queréis la información, a ocho euros.
29-07-2011
Vuelvo a poner en juego mi vida montándome en autobús. Voy camino de León, la tercera ciudad más importante de Nicaragua. Al llegar, estamos lejos del centro, así que nos montan en una camioneta. ¿Has visto alguna vez cuando en las pelis americanas recogen a los refugiados por la carretera? Pues igual. El mismo tipo de vehículo y casi la misma gente.Después de buscar hostal (olvidate de lo que imaginas por hostal, pero es que no se me ocurre otra palabra), paseamos por la ciudad y…Oh! Sorpresa! La fiesta me persigue. Declaran patrimonio de la humanidad la catedral de León ese mismo día, y para celebrarlo, los nicas han montado un festival de cojones. La plaza de la ciudad, está a reventar y junto a la catedral, han puesto un escenario para una actuación popular.
No sé si me apetece ver folclore nicaraguense, pero ya que estoy aquí, me quedo. Y menos mal. La catedral como fondo, la música, los bailarines…Todo se te va metiendo dentro como el propio país y para mi asombro, me descubro con los pelos de punta y gritando olé.
Me va gustando el azul clarito de su cielo, el olor de las calles tras la lluvia, y las manos siempre sucias de sus niños.
30-07-2011
Sigo con insomnio, y mientras todos duermen, me paseo por la ciudad de León.
Como soy una tía suertuda, me topo con una cafetería italiana, en la que además de encontrar un capuchino y pan de verdad, no se escucha ni reggaeton, ni cumbia, ni bachata, sino jazz. Me falta muy poquito para hacerle la “ola” a la camarera, y tras mi feliz desayuno, regreso al hostal. Me espera Laura. Los demás se han ido a desayunar.Me preparo para ir al museo de la revolución sandinista, cuando Laura me dice “¿Con esa ropa?” (Me pregunto que de malo tendrá el vestido que me regaló el Berni para mi cumpleaños) “Es que vamos a la selva”. ¿Qué vamos dónde? “A Cerro Negro”.
O sea, el plan del sábado es ir a otro volcán. Me niego. Eso ya lo hice la semana pasada, y la experiencia, fue bonita, pero va a ser única e irrepetible en todos los sentidos. “Pero tonta, este es mucho mejor” ¿Por qué? “Porque el volcán está activo y nos vamos a tirar con un cartón desde la cima” (AHHHHH. Recuerdame que me junte con otra gente).
Pese a lo poco sugerente de la propuesta, acepté, así que cambié mi mañana tranquila y cultural para:
a) Buscar cartones tirados en el suelo del mercado cual pordiosera indígena.
b) Montarme de nuevo en un autobús que se llamaba “El regreso de Tyson”, rodeada de diversos enseres, entre ellos mesas, sillas, huevos, canastos y una rueda de camión.
c) Andar ocho km por la selva rodeada de mosquitos. (Me hacían una aureola alrededor de la cabeza)
d) Subir un volcán en chanclas, cuyas piedras se desprendían.
e) Tirarme desde la cima y además con niebla. (Al final, no fue en un cartón y me alquilé una tabla. Tanto trabajo para nada)
Pero si tengo que decir la verdad, me lo pasé como los indios (nunca mejor dicho).
Después, una cenita, una toña, y a la cama, que me lo merezco.


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