lunes, 26 de septiembre de 2011

Un día duro

Abro los ojos antes de lo que me gustaría y pienso “Hoy va a ser un día duro”. Gaizka se va. No sé mucho de su pasado y menos aún de su futuro, pero durante este mes, he vivido su presente. He descubierto a una persona generosa, divertida, resolutiva y a alguien con el que poder contar. No conozco al otro Gaizka, ese que lleva cuatro años dando vueltas por sudamerica sin poder entrar en España y sin saber cual será su próximo destino hasta que llame a alguien desde el aeropuerto de Miami y le diga a dónde tiene que volar. Esta vez no he querido saber y por tanto no he querido preguntar. Sólo me quedo con el recuerdo de un beso con sabor a lágrimas junto a la puerta de un taxi. Durante estos treinta días, lo he visto rodeado de chavales tan desarrapados como él, intentando que aprendan a leer. Yo también espero que él aprenda otras cosas.
También se fue Alessandro, quizás el único italiano que no habla, pero que transmite en cada mirada y en cada sonrisa. Tranquilo, sereno, pacífico y un poco yonki también, pero un tío “grandi”, como él diría. Se alegró de que nos hubiéramos conocido tarde. Pensó que uno ya es bastante peligroso sólo como para que encima le hagan compañía. Le espera Perugia con los brazos abiertos, la única forma de esperar a alguien como él.
Después se van Arantxa y Laura, dos personas que me enseñaron que la solidaridad y la bondad son algo más que dos palabras agudas y lo demuestran a diario, y finalmente, Mireia, la más punki entre los punkis y mi compañera de aventuras en este país de locos. Cómo la voy a echar de menos. Sin ella, Nicaragua seguirá siendo Nicaragua, pero mucho menos divertida.
En fin, me quedo un poco sólo, casi tanto como cuando llegué, pero abriendo las puertas de “la casa libertad”, para todos los que llegan con la ilusión en la cara y la mente limpia

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