
Cristofer me espera en la puerta del colegio a las ocho y media de la mañana, a pesar de que él tiene turno de tarde. Le escucho decir a otro niño “¿Ves como si volvía?” y sonríe. Está preocupado desde que se fue Gaizka porque sabe que tarde o temprano, todos vamos a desaparecer. Volveremos a vivir nuestras vidas, a pagar nuestras hipotecas y nuestros coches, y a olvidar poco a poco que aquí fuimos felices sin nada, y lo que es peor, a olvidarnos también poco a poco de ellos.
El no puedo hacer nada, el mundo es así, el tengo que seguir mi camino, son las tres frases que engloban una forma de vida que no es otra que la del Salvese quien pueda. Me pregunto si merece la pena salvarse a costa de esto.
Las ganas de liarme la manta a la cabeza y cambiar el traje de chaqueta de los lunes por unos vaqueros sucios, no me faltan. Lo que si me falta es el valor para hacerlo.
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