Sentada en la puerta de “La Esperanza de Granada”, espero a Gaizka, Pablo y Clement. Son los tres voluntarios que estan en mi escuela y que hacen lo mismo que yo, es decir, pasar fatigas con mucha ilusión.
Empiezo a divagar sobre las cosas que han hecho que un 27 de Julio de 2011 esté sentada en el culo del mundo, hasta que un americano para su moto junto a mí y me pregunta en inglés que si me lleva a algún sitio. Le respondo educadamente, pero me insiste. “Soy un bien chico”. Quizás seas bueno, pero lo de chico, tendríamos que discutirlo, por que los 60 no los cumples más.
Llegaron. ¿Bus o andando? Andando, por favor, (así aumento mi esperanza de vida considerablemente, ya sabes, el autobús no es seguro).
El tiempo de clase transcurre sin alteraciones, o sea, sigo con el abecedario. Después miro el cuadrante a ver lo que me toca el jueves: ARTE. Me cago en la puta. Si yo no se dibujar ni una casita. Me preocupa. Le pregunto a mis compañeros que puedo hacer, y las ideas les surgen a puñados. (Ahora sólo hace falta que me enseñen ellos a mi).
Por la noche hay plan: Un espectáculo de Carlos Megia Godoy. “¿Y ese quien es?. La gente, me mira asombrada ante mi incultura, pero me juego lo que quieras a que tú tampoco lo sabes (No sé si tú Andrés si, que para esas cosas eres como el Google). Resulta que el hombre es toda una institución en Nicaragua. Me imagino al Carlos Megias rollo cantautor Silvio Rodríguez o Luis Eduardo Aute, pero más bien se parecía a Chiquito de la Calzada. Entre canción y canción, nos sorprendia con chistes (no puedo decir que buenos, pero me descojonaba). Lo mejor vino cuando empezó con la canción “Son tus perfúmenes mujer, que me sublibellan”. Hostias, si me la sé. En ese momento todos los españoles nos levantamos y empezamos a bailar cantándola. Dalí y el surrealismo se quedan a la altura de una zapatilla comparándolo con lo que veían mis ojos y escuchaban mis oidos.
Pero si yo flipé, el cantante mucho más y después de la canción interrumpió el concierto para preguntarnos que de dónde eran “esos chelitos”, o sea, esos blanquitos.
Después de la actuación, lo perseguimos cual psicópatas hasta que al fin se hizo una foto con nosotros. La gente está como una cabra.
De regreso a casa, nos paramos en la calle principal para bebernos unas toñas. Yo la cambio por tequila, para no perder la costumbre española.
Empiezo a divagar sobre las cosas que han hecho que un 27 de Julio de 2011 esté sentada en el culo del mundo, hasta que un americano para su moto junto a mí y me pregunta en inglés que si me lleva a algún sitio. Le respondo educadamente, pero me insiste. “Soy un bien chico”. Quizás seas bueno, pero lo de chico, tendríamos que discutirlo, por que los 60 no los cumples más.
Llegaron. ¿Bus o andando? Andando, por favor, (así aumento mi esperanza de vida considerablemente, ya sabes, el autobús no es seguro).
El tiempo de clase transcurre sin alteraciones, o sea, sigo con el abecedario. Después miro el cuadrante a ver lo que me toca el jueves: ARTE. Me cago en la puta. Si yo no se dibujar ni una casita. Me preocupa. Le pregunto a mis compañeros que puedo hacer, y las ideas les surgen a puñados. (Ahora sólo hace falta que me enseñen ellos a mi).
Por la noche hay plan: Un espectáculo de Carlos Megia Godoy. “¿Y ese quien es?. La gente, me mira asombrada ante mi incultura, pero me juego lo que quieras a que tú tampoco lo sabes (No sé si tú Andrés si, que para esas cosas eres como el Google). Resulta que el hombre es toda una institución en Nicaragua. Me imagino al Carlos Megias rollo cantautor Silvio Rodríguez o Luis Eduardo Aute, pero más bien se parecía a Chiquito de la Calzada. Entre canción y canción, nos sorprendia con chistes (no puedo decir que buenos, pero me descojonaba). Lo mejor vino cuando empezó con la canción “Son tus perfúmenes mujer, que me sublibellan”. Hostias, si me la sé. En ese momento todos los españoles nos levantamos y empezamos a bailar cantándola. Dalí y el surrealismo se quedan a la altura de una zapatilla comparándolo con lo que veían mis ojos y escuchaban mis oidos.
Pero si yo flipé, el cantante mucho más y después de la canción interrumpió el concierto para preguntarnos que de dónde eran “esos chelitos”, o sea, esos blanquitos.
Después de la actuación, lo perseguimos cual psicópatas hasta que al fin se hizo una foto con nosotros. La gente está como una cabra.
De regreso a casa, nos paramos en la calle principal para bebernos unas toñas. Yo la cambio por tequila, para no perder la costumbre española.

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