León está muy cerca del mar, y aunque el día no acompaña, no quiero perderme la oportunidad de ir al Océano Pacífico (que no se quien coño le puso el nombre, pero se lució. Casi no puedo ni entrar del temporal que había).De todas formas, no me quedo mucho tiempo, porque para poder llegar a Granada, se tardan casi cuatro horas (aunque sólo están separadas por 100 km). El concepto tiempo-distancia, tiene un sentido diferente en Nicaragua
Llego en el momento justo de observar uno de los anocheceres más impresionantes del mundo (a lo mejor no, pero para mí sí), pero se rompe el encanto cuando alguien propone ir a comer al chino. Aquí también hay un chino, pero es un poco diferente: Al rollito de primavera, le llaman “Taco Chino”, y los camareros, son nicas, pero la comida tiene el mismo sabor (no sé como lo hacen. Que mérito tienen). De todas formas, comí vegetales, porque si en España se dice que cocinan a los perros, aquí ya no me quiero ni imaginar.
Vuelvo a casa y hay cinco nuevas y no encuentro ni las sábanas y la almohada de mi cama. La virgen que descontrol.
Busco por los tendederos y encuentro una para arriba y otra para abajo, pero no tengo tanta suerte con la almohada. Mañana preguntaré quien ha sido, a ver si la recupero
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